jueves, 23 de mayo de 2013

Como te conocí cap V Carnaval

Seguimos mandándonos mensajes continúmente, parecía que anhelabamos que llegase la noche para poder hablar durante horas, nuestras conversaciones eran de lo más corrientes y ansiabamos saber más cosas del otro. Pero todas y cada una de nuestras conversaciones acababan en sexo, nos preguntábamos que era lo que no nos habían hecho nunca en la cama y qué nos gustaría hacer, o lo que no nos gustaba; incluso de lo mucho que disfrutabamos el uno del otro, y de los orgasmos que compartíamos.
Aquí empezó nuestro pacto, quedábamos casi todos los viernes para tener nuestra sesión de sexo y yo acababa yéndome recibiendo un beso frío en la puerta. Como ya había dicho, me tenía que acostumbrar. Quizás no existía un pacto firmado, pero tan sólo era eso, sexo. En más de una ocasión cuando mi cabeza dejaba de funcionar y me dejaba llevar por algún sentimiento que intentaba emerger escribiendo algo que no debía, tajamente se cambiaba de tema, en esos momentos me sentía vacía. Muchas veces el sentimiento de culpa ejercía tanta presión que casi llegaba a asfixiarme. Era consciente que todo aquello me estaba afectando poco a poco y que debía acabar con ello.

Lara decidió que ya era hora de salir de el agujero que me estaba cabando, ella intentaba entender como podía una persona como yo estar en esa situación, no cesaba en el empeño que le dijese que comenzaba a sentír algo y que me iba a acabar haciendo daño, porque él lo único que hacía era jugar a mantenerme a su lado mientras no encontrase alguien mejor con quien divertirse, y yo por mi parte me cerraba en banda a decirselo. Estuvo machacándome cerca de una semana para salir de fiesta, y lo cierto es que lo necesitaba, estaba llegando a un punto que cada frase que le escribía me parecía más fría y sentía que sus palabras también lo eran.

Finalmente llegó el viernes para salir de fiesta, olvidarlo todo, emborracharnos y reírnos hasta de nuestra sombra. Esa era nuestra intención, pero todo iba a cambiar. Hicimos la ruta de siempre, en el restaurante de siempre, comimos y nos bebimos todas las sangrías que se podían beber un equipo de holligans en un Manchester/ Liverpool. Teníamos que olvidar todos nuestros pesares y yo, en concreto, tenía que dejar de llenar mi cabeza de momentos vividos con él. Salió el tema un par de veces, aunque yo evite entrar en el, no me apetecía demasiado hablar de mi caballero si pretendía olvidarlo. Seguimos nuestra ruta y nos bebimos un par de gintonics a la salud de todos los capullos que habían pasado por nuestra vida en el pub dónde comencé a acercarme a él, hacia casi un mes. Me repetí, nuevamente, que era una noche para olvidarle

Sonó el móvil un par de veces, y lo ignore por miedo a que fuese él. Así pasamos el rato bailando y bebiendo, y a través de la música y nuestros bailes, más bien torpes, olvidamos todo lo que sucedía. Íbamos contentas, por lo que la noche, como siempre, debía continuar. Así acabamos en la discoteca de siempre, medio borrachas hablando con todo el mundo y riéndonos de todo. Mientras hablábamos con un chico, no recuerdo muy bien de que tema trascendental, aparecieron Isa y él. Se plantaron a menos de un metro y mi gesto fue de sorpresa y rabia, tan sólo pude levantar mi mano en forma de saludo. En mi cabeza no paraba de rondar la pregunta: Porque ha aparecido? Qué hace aquí? Lara me cogió del brazo y me llevó al lavabo, intento calmar mi semblante, estaba en shock, y empezaron a brotar un par de lágrimas de mis ojos, aún sigo sin entender porqué. Lara sólo me chillaba, y me agarraba más fuerte intentando, a su manera, calmarme.
- Sólo ha venido a mearte la pierna, a marcar terreno, nada más. Sigamos con la fiesta y que le den! Ningún hombre merece que sueltes una lágrima. Ahora saldremos, nos fumaremos un cigarro y seguiremos tan felices- dijo mientras me lavaba la cara con el agua helada que salía de aquella triste pica de lavabo.

El agua no consiguió relajarme ni espavilarme, llevaba demasiados días conteniendo todo lo que empezaba a sentir. Aquel cigarro me supo a gloria, cada calada que daba, parecía que llenaba ese vacío que había empezado a sentir hace días. Y como no podía ser de otra manera, Oscar apareció en escena. Lara me arrancó el móvil de las manos y comenzó a llamarle, no cogió el móvil, y eso que Lara a veces llega a ser demasiado insistente. Al verlo pasar de nuevo, envalentonada, no sé si por el grado de alcohol o la rabia, Lara se levantó y se dirigió hasta él, no sé que le espetaria y que le contestaria él, pero se alejó unos metros de ella y siguió caminando, con esa serenidad y frialdad que tanto le carateriza. Lara me devolvió el móvil, y tan sólo me dijo que me fuese a casa que mañana me contaba detenidamente. Rabiosa se giró nuevamente gritando que era un gilipollas que no merecía la pena, para que él le oyese, le agarré de la chaqueta, y le dije que me iba a casa, que mañana hablábamos.

Le mandé dos mensajes:
La he cagado
Dijimos que si alguna vez alguno de los dos sentía algo. Lo dejábamos. Pues ya está. Se acabó.

Minutos más tarde camino a casa, en el metro, recibí una llamada, pense en no cogerlo, y mucho menos al ver su nombre en la pantalla, pero no pude evitar cogerlo. Su voz hizo que me estremeciese nuevamente y que tuviese ganas de llorar. Repetía incansable que quería que le dijese a la cara porque dejábamos eso que teníamos. Las ganas de huir que siempre me acompañan, hacían que cada vez tuviese más ganas de colgar ese teléfono y correr hasta que mis rodillas dejasen de funcionar. No entendía esa insistencia por vernos y explicarle lo que ya le había escrito. Para él, sólo era perder un polvo de vez en cuando. Para mí, seguir viéndole suponía mucho más.
Así que con esa voz que me embelesaba y esas dotes de persuasión, me convenció para que le esperase y le diese una explicación. Esperé en la parada de metro, no recuerdo el tiempo exacto, sólo sé que pasó demasiada gente alcoholizada con ganas de charlar y mantener una conversación, y yo carecia de empatía y ganas de hablar; tan sólo quería que llegase y soltar todo lo que estaba hirviendo en mi interior.
Le vi llegar, tan seguro como siempre. Sus labios nuevamente me llamaban, pero conseguí contenerme y no acercarme lo más mínimo a ellos. Mi cabeza, esta vez, mantenía frío todo mi cuerpo. Logré, con mucho esfuerzo, explicarle que no queria enamorarme de él, que empezaba a sentir algo y él ya me dejó claro que no quería nada, sólo sexo, sin compromisos, sin sentimientos, sin explicaciones. Le repetí en más de una ocasión que no le pedía nada, y a día de hoy puedo asegurar que jamás lo hice. Él no entendía mi postura, supongo que por el mero egoísmo de tener que buscar nuevamente a alguien que le calentase la cama.
En un momento de debilidad, y al escucharle pronunciar que no entendía porqué me alejaba si nos quedaban demasiadas cosas por hacer juntos como viajar juntos a Thailandia, no pude evitar abrazarle con todas mis fuerzas. Por ironías de la vida, en ese instante, el hilo musical del metro se volvió en mi contra y sonó: As time goes by
Moonlightand love songs
Never out ofdate
Hearts full of passion
No podía creer que un momento de esos que perduran y sólo suceden en las películas, lo estuviese viviendo yo. Ese abrazo quedará grabado en mi memoria de por vida.
Y así fue como minutos más tarde nos despedimos, no sin antes intentar autoengañarnos, diciéndonos que nos volveríamos a ver pronto. Así las despedidas duelen menos. Al verle marchar, sentí como se resquebrajaba algo en mi interior.

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