miércoles, 12 de febrero de 2014

La caja

Contuvo la respiración, extasiada, extraña y desnuda. Ella se sentía desnuda de cuerpo y alma. Apoyó su cabeza al lado de la suya y sonrió como pudo. Su corazón latía con desenfreno, desbocado, y sin calma alguna. Le miró a los ojos y ahogó un te quiero, que nunca pronunció. No podía pronunciar esas palabras, se los había regalado todos y ya no le quedaba ninguno en la caja de los secretos, ya se lo advirtió la bruja. Por un momento se sintió vacía, sin un resquicio de esperanza al que aferrarse.

- Que te pasa? - preguntó él, mientras la miraba extrañado.
- Nada, sólo te miro. - susurró mientras redirigía su mirada de los ojos de él a su pecho. Sintió que por un momento se ruborizaba.

Acarició su pecho y deslizó su oido hasta el mismo para poder escuchar su corazón. Latía normal. Sintió que se resquebraja un trocito más de su pecho.  Había hecho caso omiso de las advertencias recibidas, y mandó silenciar sus pensamientos al aceptar el pacto.

Hablemos del pacto para que entendáis el cuento. Hace mucho, mucho tiempo, un ogro secuestró a una niña y la castigó en la más oscura de las mazmorras; tras realizar un hechizo, le robó la inocencia, la alegría y la posibilidad de amar. La dejó encerrada rodeda de tinieblas y tristeza.
Una bruja que pasaba por las mazmorras en busca de alguna alma, le ofreció un pacto. Si aceptaba convertir su corazón en una caja la liberaría de la mazmorra y no volvería a sufrir jamás, pero tendría que guardar para siempre la llave. Ya que si alguna vez se abría, la caja se rompería poco a poco cada vez que regalase parte de su amor, la razón se apagaría y las lágrimas volverían a brotar de sus ojos, hasta que su alma volviese a la penumbra. Sólo podría parar la descomposición si la volvía a cerrar, y solo podría recomponerla de una forma. Lógicamente, la bruja no se iba a arriesgar a que la niña pudiese pronunciar la forma de hacerlo, asi que el hechizo se completaba con el hecho que la niña jamás pudiese decir como recomponer la caja.

Se había abierto la caja y, ella, no encontraba la llave para poder cerrarla. Tenía que darse prisa para recuperarla o no podría volverla a cerrar.

Muy lejos de aquella habitación, la bruja comenzó a reírse para sus adentros, hasta que una carcajada malvada salió de lo más profundo de su ser, retumbando en todas las paredes, de aquel castillo, situado en lo más profundo del infierno.

martes, 11 de febrero de 2014

Mariposas

Hacía mucho tiempo que esperábamos estar juntos, sin pensar en el dichoso reloj que siempre hacía que acabásemos en esas despedidas tan amargas. Necesitábamos sentirnos cómo siempre deseábamos.

Llevaba todo el día pensando en él, en sus manos, sus besos, sus ganas de poseerme y sentirme. Nos debíamos eso y mucho más. Deseaba su lengua por toda mi piel, sentía escalofríos por todo mi cuerpo con tan sólo pensar en cómo me tocaba. Y allí estaba, metida en el tren, excitada, mirando como pasaba el tiempo metida en ese cubículo y las ganas que tenía de sentirme deseada, cómo sólo él me hace sentir. En mi cabeza no dejan de reproducirse flashes de las veces que nos habíamos acostado, casi como si de una película porno se tratase.

Llego nerviosa, aún no sé como puede hacer que afloren mis bajos instintos con tan sólo mirarme. Siempre tiene esa sonrisa que hace que me derrita, le deseo, como nunca he deseado a nadie, y en  mi cabeza retumba el sonido de sus jadeos; lo quiero desnudo, ya. Se acerca con esa mirada infantil, esos ojos que se clavan en lo más hondo de mi ser y me da un beso dulce, casi rozándome los labios. Me dirige pausadamente hasta el hotel; nuestra conversación cada vez es más fluida, vamos conociéndonos mucho más y bromeamos sobre cómo nos ha ido el día; por un momento olvido dónde estábamos y que una cama nos está esperando.
Subimos en el ascensor y no puedo evitar acercarme a besarle, le necesito, hundí mis labios en los suyos y nuestras lenguas empezaron a jugar, se necesitaban; lo apreté más hacia mi, quería su cuerpo. Tercera planta, y las puertas se abren, limpio sus labios con mi pulgar y me giro para salir, acto seguido recibo un cachete en el culo a modo de reprimenda. Le miro y sonrío como una quinceañera, como si en realidad no hubiese hecho nada para excitarle.

Llegamos a la habitación y dejamos nuestras cosas con calma, nos desprendemos de algo de ropa y se tumba en la cama, me acerca a él con fuerza, con esas manos que tanto placer me dan. Y acaba poniéndose justo encima de mí para besarme con necesidad, como siempre lo hace. Comienzo a perderme entre sus besos, hunde su boca contra la mía con desespero y su lengua empieza a entrelazarse con la mía. Quiero tenerlo dentro de mí, así que comienzo a desnudarle; le quito la camiseta y veo su torso, empiezo a acariciarle el vello de su pecho hasta llegar a su ombligo. Empiezo a notar su erección presionándole los pantalones, por lo que continúo con su cinturón. Pero él hace que pare, me coge de las muñecas y hace que me estire del todo. Acaricia mis pechos por encima de la camiseta con mucha suavidad y su boca se entreabre para jugar con mis pezones; me mira con esa cara de deseo que hace que me vuelva loca. Me quita la ropa con tanta rapidez, que su lengua y sus manos ya se encuentran jugando con mi pecho, mientras, me mira fijamente a los ojos. ¿Cómo puede excitarme tanto, esos ojos hacen que empiece a palpitar todo mi cuerpo? Le digo que no puedo más y que le necesito dentro de mí, que necesito que me haga suya.
Me sonríe pícaro, y sigue bajando, recorriendo con su lengua todo mi cuerpo hasta llegar a mi sexo, separa mis piernas con dulzura; sólo con notar su aliento excitado entre mis piernas hace que un temblor recorra todo mi cuerpo y el primer gemido salga de mi boca. Siento el calor de su boca y vuelvo a gemir, uno de sus dedos se adentra en mí mientras lame y succiona sin parar. Estoy muy excitada y un espasmo da previo aviso a lo que va a suceder, llego al clímax y hace que me desate y grite de placer.  Eso hace que se levante poco a poco, mientras yo siento contracciones en mi cuerpo que hace que suplique por su notar su erección dentro de mí; y termine de desnudarse y se adentre en mí. Nuestro primer gemido juntos hace que se rompa el silencio en la habitación, mis músculos se contraen de la necesidad de sentirle, y comienza a tomarse su tiempo mientras está encima de mí. Le acerco más y comenzamos a besarnos mientras nos decimos mil vulgaridades que nos encantan y excitan, su saliva recorre mi boca mientras nuevamente llego al clímax.
- Disfrútalo cariño, disfrútalo - jadea.
Hace que llegue una y otra vez, hasta que empiezo a notar como su pene está más duro que nunca, en ese momento me lo susurra al oído y me pide que pare, pero no puedo parar y nuevamente hace que grite de placer. Se aparta de mí y se queda de rodillas, y no puedo evitar acercarme cual animal caliente, y gemir al ver su erección. Entreabro mi boca y me humedezco los labios con deseo, la rozo con mi lengua y la humedezco, no puede evitarlo y la mete en lo más hondo, hasta llegar a mi garganta, como le gusta. Empiezo con un ritmo casi desenfrenado a succionarla, sabe lo que deseo, así que deja que le acabe. Me agarra del pelo y me mira excitado al máximo, no sabe cuanto me excita; su pene empieza a palpitar, y me pide que no pare, hasta que se entrega a su propio placer, gritando y llenándome toda la boca de su orgasmo.

Extasiados nos tumbamos en la cama y comenzamos a hablar de nuestras cosas. Empezamos a acariciarnos nuevamente, nuestros cuerpos responden al instante.
- Ahora vamos a hacerlo más tranquilos, cariño - susurra en mi oído.
Esas palabras hacen que me excite aún más y nos convirtamos en esos dos animales en la cama. Nuestros cuerpos desnudos nuevamente se entrelazan y lo hacemos de todas las maneras posibles, pausados, rápidos, delicados y rudos; nos decimos mil barbaridades que me excitan demasiado, complaciendo nuestros deseos sexuales; y volvemos a acabar extasiados de tanto placer y tanto amor.
Nunca había conocido a nadie como yo, con tanto apetito sexual, con tantas de ganas de dar placer y recibirlo, porque la mejor manera de expresar el respeto, el deseo, y el amor por mucho que digan es mediante el sexo. Porque nos enamoramos de esa manera, en las conversaciones de antes, durante y después del sexo.

Vamos a la ducha y cómo dos adolescentes aún nos miramos con deseo, me excita verlo debajo del agua, cómo el agua recorre su piel, siento como el agua tibia con sus gotas bajan delicadamente desde su cabeza hasta sus pies; y no puedo evitar tocarle. El agua resbala por su cuello hasta chocar con mi mano que se ha quedado paralizada en su pecho. No puedo parar de contemplarle desnudo,  mi respiración se acelera. Se acerca a mí:
- Date la vuelta que te voy a enjabonar - nuevamente esas palabras hacen que mi cuerpo palpite.
Sus manos recorriendo mi cuerpo y enjabonándome, hacen que me humedezca, y no por el agua que me recorre. Dedica su tiempo a cada rincón de mi piel, y con delicadeza limpia todo mi cuerpo, llenándome de deseo. Hago lo mismo con él y le limpio todo el cuerpo, aunque no puedo parar de pensar en que me penetre.

Estoy muy excitada, miro la hora, esta vez, es porque tenemos que ir a cenar, no porque tengamos que despedirnos y es un alivio, no sé cómo de mi boca sale:
- Mmmm uno rapidito, y nos vamos?
No me da tiempo a reaccionar y cómo ha salido de mi boca esa pregunta, ya está encima de mí, se adentra en mí con toda su envergadura, no le cuesta nada porque estoy húmeda desde hace rato; no por la ducha, sino de tanta excitación acumulada, y me lo hace rápido y fuerte cómo sabe que me gusta, haciendo que no pare de gritar de placer. Se agarra a mis nalgas y yo a las suyas y mientras nuestras lenguas hacen lo mismo que el resto de nuestros cuerpos, empiezo a deshacerme llegando al primer orgasmo. No cesa en sus embestidas rápidas y feroces, eso hace que me excite aún más y que todo mi cuerpo se pierda y vuelva a tener otro orgasmo, acto seguido llega el suyo; y cuando acaba de derramarse hasta la última gota en mi vientre, con una sonrisa en los labios jadea:
- Uno rápido eh? te encanta que te lo haga así.
Claro que me gusta, absolutamente todo lo que hacemos, la habitación está impregnada de sexo, ese olor me embriaga. Parece que nunca tengamos suficiente, jamás había sentido el sexo de esta manera. Nadie me había tratado como él; con tanto amor y delicadeza.

Comenzamos a vestirnos para irnos a cenar, él había buscado un vegetariano cerca del hotel dónde estábamos; siempre tiene esos detalles que hacen que me enamore más cada vez más. Hace que todo sea fácil y que cada vez le necesite más.
Estamos cenando y hablando tranquilamente, relajados. Me doy cuenta que nunca había estado así con nadie, hace que me sienta deseada, amada, especial y sensual. Sigue mirándome como el primer día con asombro, como si nunca hubiese visto a nadie como yo, como si hubiese estado esperándome desde siempre. Hace que desee cada uno de sus gestos de cariño. No sabe lo que me excita escuchar su voz, es tan sexy y sensual, que hace que un susurro de su voz haga que palpite lo mas profundo de mí, como si una bandada de mariposas recorriesen todo mi cuerpo.
La cena está siendo de lo mas entretenida, y nos tomamos una copa en un local al que él quería ir. Al salir nos dirigimos nuevamente al hotel, y se para en un banco, se sienta, y alarga su mano hasta coger la mía y me acerca a él, me besa suavemente y me abraza. Esos abrazos que curan, nos quedamos inmóviles, sintiendo como palpitan nuestros corazones, al unisono. Nos separamos y vamos al hotel.

Llegamos a la habitación, y comenzamos a desvestirnos para dormir, dormir por decir algo. Se sienta en la cama desnudo, y me besa abriendo la boca e introduciendo su lengua que empieza a jugar con la mía hasta llevarme hasta él y hacer que me siente a horcajadas, nuestras lenguas siguen jugando y noto como su erección crece debajo de mí. Se deja caer sobre la cama y yo trepo por encima de su cuerpo, hasta verle en el espejo que se me había olvidado comentar que estaba en la habitación y tanto me había excitado. Cojo su erección y la introduzco soltando un gemido. Me encanta esa sensación de su pene duro dentro de mí, en ese primer instante.
- Quiero que me folles - logro decir
- Me vuelves loco - susurra en mi oído mientras me agarra de la nuca con una mano y con la otra mi culo para penetrante hasta el fondo.
- Jodeerrrr
Empiezo a mover mis caderas en círculos, haciendo que se ahonde en lo más profundo, le agarro de los antebrazos y mi ritmo se hace más intenso buscando el placer que me da, mientras me azota y hace que todo sea mas intenso.
- Me encantas cariño, correte para mí, grita. -
Y acto seguido como si se tratase de una orden, chillo de placer mientras le araño la espalda de intentar cogerle más fuerte; él no para de moverse para hacer que mi orgasmo dure más y sea más intenso, cuando termino de correrme, me agarra nuevamente de las nalgas y sin salirse de mí me gira y se pone encima. Me agarra fuerte y empiezan esas embestidas profundas y pausadas que tan loca me vuelven, vuelvo a vernos en el espejo y eso me excita más.
- Te gusta eh - suspira mientras se introduce en mi de golpe dejandome sin respiración
- No pares, no pares follame, cariño!
Y no deja de hacerlo, se introduce en mi con la fuerza de un animal, haciendo que llegue a un sinfín de orgasmos hasta que por fin, apretando los dientes y saliendo de mí, termina con un gemido seco y sonoro.
Se deja caer encima de mí, ambos extasiados y mojados; me besa y me acaricia, me abraza hasta quedarse dormido. Le observo y le beso mientras duerme, es tan dulce.
Intento alejarme un poco para dejarle espacio para dormir, aún dormido frunce el ceño, me abraza más fuerte y me acerca más a él. No puede soportar que me aleje ni si quiera cuando duerme.