domingo, 26 de mayo de 2013

Como te conocí cap VI Primera despedida

Me desperté como pude, cabizbaja y sin ganas de que latiese nuevamente mi corazón. Me había despedido de él, y no podía pensar en nada más que no fuese como sus besos y sus "buenos días", hacían que mi día a día fuese más llevadero. Miraba mi móvil y mi cabeza decía no lo hagas, recuerda que fue incapaz de de decir nada coherente para retenerte. Y así fui pasando la tarde, pensando en no escribir una sola palabra. Así era más fácil todo, el tiempo haría que todo pasase. No había sido nada más que unas cuantas sesiones de buen sexo para él; no debía darle más vueltas. Había sido sincera con él, le había confesado que no podía pasar más tiempo con él porque acabaría enamorandome y sintiendo más de lo que él podía asumir. Seguía repitiéndome mentalmente lo que me había dicho cara a cara: no quiero complicaciones, ni compromisos. En ningún momento le había pedido que se comprometiese conmigo, nunca le he pedido una "relación", ni he llamado a lo nuestro de ninguna manera exceptuando la palabra pacto, que sin duda me había saltado.

Son las 6 de la tarde y recibo la llamada de Lara.
- Como estás?
- Bien no te preocupes, ya sabes que soy dura, y esto no es nada.
- Menos mal que ayer estaba sobria yo, no te quiero volver a ver así. Nunca, y menos por un gilipollas que no merece la pena.
- No te preocupes, ya se me pasará.
- Sabes lo que me dijo ayer, cuando le pregunté porqué había venido a mearte la pierna? Que no había venido por ti. Así que no eres nada.... Me oyes?!
- Si te oigo....
Creo que fue el segundo momento en que sentí que mi corazón se resquebrajaba. Enmudecí, no sabía que contestar, después de esperarle, de decirle todo lo que sentía, después de todo, sin duda, sólo había sido alguien que calentaba su cama, cuando le apetecía. En ese instante recordé que sí que nos vio sentadas, y no tuvo el valor de acercarse. Sin duda no le importaba. Me sentí vacía, idiota, crédula. No merecía la pena, no había que darle más vueltas, ya me había despedido, así que no tenía que preocuparme.

Dos horas más tarde suena el movíl, nuevamente era el caballero gay. Que creía? Que con un, hola, no contestas, ya veo que no quieres hablar, iba a contestarle?. Se puede saber que pasa por esa cabeza hueca? Que se busque a alguien que le de lo que quiere y que me deje tranquila. Y así se lo hice saber, le comenté que buscase a alguien que el pacto le fuese bien y que me dejase en paz. Pero él insistó, quería volver a verme, incluso me llamó cobarde.
Cobarde yo? Fui la única que habló, él tan sólo asentía, y me decía que nos quedaban muchas cosas por hacer. Como si me fuese tan fácil volver a verle, pero me llamó cobarde, incluso me dijo que sé sintió engañado, que aquel ya nos veremos, no era un adiós, que no tenía derecho a mentirle.
Y por amor propio y orgullo, decidí que debía despedirme en condiciones, una vez más. Sólo una vez más, aunque se me partirse el alma con aquella situación, me merecía dar nuevamente una explicación y decir adiós definitivamente.

Esa noche, mi hermano, al ver mi estado de histeria y rabia, me convenció para salir a tomar algo. Dejé el móvil aparcado, y hablé durante horas con mi hermano. Me conoce lo suficiente como para saber que no hablo de mí, así que habló él y yo solo asumí el papel de escucharle, y tomar sus consejos al pie de la letra. Pero la rabia y el rencor sólo hacía que pensase lo idiota que había sido por confesarle todo, cuando para él no había sido nada.

Seguimos escribiendonos, yo me mantuve distante, no quería hacerme más daño, y él no cesaba en el empeño de volver a quedar, por ultima vez. A veces me daba la impresión que me quería retener a toda costa. Aún no entendía el porqué.

Llegó el día de volver a vernos. Salí del metro con los ánimos por los suelos, y allí estaba de pie esperando, inquieto creí por un momento que estaba nervioso, pero seguramente era mi imaginación que me jugaba una mala pasada. Intentaba aferrarme a la idea que alguna vez le importé y por eso mismo aparté esa absurda idea de la cabeza. Me acerqué a él cautelosamente, ya que ni si quiera sabía como debía saludarle, me contuve, y de mis labios sólo salió un hola con carencia de ánimo.
Se acercó, y sentí que me faltaba el aire, y en un acto de desespero, me aleje un poco más, no quería besarle, no quería darme ese placer, que después me pasaría factura.
Reculó, imagino que estaba tentado al igual que yo, e hizo un ademán de sonrisa para después pronunciarse:
- Te apetece hacer algo? Ir a tomar algo o lo que sea.

No recuerdo si fui capaz de decir algo, o simplemente dirigí mis pasos hacia su piso. No entendía aquella pregunta, ni su propósito, habíamos quedado para despedirnos, porque según él nos merecíamos esa despedida. La intención de quedar ya la sabía, así que no comprendía porque motivo quería alargar más aquella tarde.

Por primera vez, hicimos el amor. No era sólo sexo, me dejé llevar. No tenía nada que perder, sólo quería sentirle, acariciarle, abrazarle y besarle como si sus besos hiciesen que respirase de nuevo. Desnudé mi alma y dejé apartados mis muros, por una vez. Hubo instantes que sentí como sus manos temblaban al rozar mi piel, y se detenían mientras me observaba, con esos ojos gelidos, como si quisiera guardar aquella imagen en sus recuerdos. Olvidé por completo que se trataba de nuestra despedida, y disfruté de su ser como nunca antes lo había hecho.
Al terninar, me levanté, recogí mi ropa y comencé a vestirme de espaldas a él, de nuevo me sentía vacía, sin ilusión y con el corazón encogido. No quería mostrarle mi desasosiego. Iba a recoger mi bolso cuando vi que se vestía con ropa de calle, algo extraño en él; se sentó en una silla con las manos aguantando su cabeza mientras soltaba un bufido.
Me senté en su cama, y volví a explicarle que ya sabíamos que era una despedida, que no podíamos seguir viéndonos ya que yo había roto ese pacto, y seguir quedando implicaba que lo que sentía yo fuese en aumento; y que no quería llegar a enamorarme de él, porque sólo conseguria sufrir porque sabía que por su parte no había nada.
- Tienes algo que objetar?
Sólo esperaba que de sus labios, esos que me eran tan apatecibles, surgiese algo a lo que aferrarme, alguna frase que hiciese que le volviese a ver, algo que me hiciese recapacitar.
-No.
Aquello me partió el alma. Había dejado mis muros a un lado, le había desnudado mi alma, y tan sólo recibo un no. Sabía perfectamente que no sentía nada, pero pensé que diría que dejasemos pasar el tiempo, o alguna frase típica, que hiciese aquella despedida más llevadera.
Así que mi orgullo contestó por mí:
- Ves no era tan difícil.
Dejó la silla a un lado, se puso en frente de mí, me miró fijamante de nuevo con aquellos ojos que se introducían hasta lo más profundo de mi ser:
- Va no me vaciles.
Pensé que era un gilipollas integral, era lo que me faltaba por escuchar; así que recogí mi bolso y me dirigí a la puerta mientras me decía que me acompañaba hasta el metro, que le dejase venir conmigo.
No quería que me acompañase, no quería verle nunca más, le hubiese abofeteado. Sentía demasiada rabia, y no paraba de repetirme que esas cosas sólo me pasan por ingenua, credula e idiota.

Aquel camino se me hizo eterno, sólo quería irme a casa, a cada pasó que daba, más absurda me parecía la situación, y la rabia recorría por mí cuerpo como si de veneno se tratase. Me quería despedir con un adiós y arrancarle de mi vida, en todos los sentidos.
Al llegar a la parada de metro, se acercó lentamente, sentía su respiración, e introdujo una nota en el bolsillo de mi pantalón, y me dijo que lo leyese en el tren. Me giré y me fui, no quería mirarle ni un segundo más, sólo quería llegar a casa y alejarme de todo aquello.
Por fin cogí el tren y recordé la nota introducida en mi pantalón, la cogí, pensé en tirarla a la papelera y olvidar todo, pero la curiosidad pudo conmigo. Era una lista con las cosas que habíamos hablado nos hubiese gustado compartir, incluido fantasías sexuales, seguido de:

Te echaré de menos, no te olvidaré tan fácilmente, aunque no te lo creas. No es fácil encontrar a alguien como tú, no es fácil entenderse conmigo, y contigo siento esa conexión especial.
No entiendo como puedes dejar pasar tantas cosas buenas conmigo, lo bien que nos lo podíamos pasar y estar.
Pero sólo puedo respetarte y acatarlo, aunque me duela.
Deseo que seas feliz y que me tienes para lo que quieras. Espero verte algún día y que me vuelvas a sonreír.
No te olvidaré

Releí la nota un par de veces más y acto seguido, cogí mi móvil y escribí:
- Me has descolocado.

jueves, 23 de mayo de 2013

Como te conocí cap V Carnaval

Seguimos mandándonos mensajes continúmente, parecía que anhelabamos que llegase la noche para poder hablar durante horas, nuestras conversaciones eran de lo más corrientes y ansiabamos saber más cosas del otro. Pero todas y cada una de nuestras conversaciones acababan en sexo, nos preguntábamos que era lo que no nos habían hecho nunca en la cama y qué nos gustaría hacer, o lo que no nos gustaba; incluso de lo mucho que disfrutabamos el uno del otro, y de los orgasmos que compartíamos.
Aquí empezó nuestro pacto, quedábamos casi todos los viernes para tener nuestra sesión de sexo y yo acababa yéndome recibiendo un beso frío en la puerta. Como ya había dicho, me tenía que acostumbrar. Quizás no existía un pacto firmado, pero tan sólo era eso, sexo. En más de una ocasión cuando mi cabeza dejaba de funcionar y me dejaba llevar por algún sentimiento que intentaba emerger escribiendo algo que no debía, tajamente se cambiaba de tema, en esos momentos me sentía vacía. Muchas veces el sentimiento de culpa ejercía tanta presión que casi llegaba a asfixiarme. Era consciente que todo aquello me estaba afectando poco a poco y que debía acabar con ello.

Lara decidió que ya era hora de salir de el agujero que me estaba cabando, ella intentaba entender como podía una persona como yo estar en esa situación, no cesaba en el empeño que le dijese que comenzaba a sentír algo y que me iba a acabar haciendo daño, porque él lo único que hacía era jugar a mantenerme a su lado mientras no encontrase alguien mejor con quien divertirse, y yo por mi parte me cerraba en banda a decirselo. Estuvo machacándome cerca de una semana para salir de fiesta, y lo cierto es que lo necesitaba, estaba llegando a un punto que cada frase que le escribía me parecía más fría y sentía que sus palabras también lo eran.

Finalmente llegó el viernes para salir de fiesta, olvidarlo todo, emborracharnos y reírnos hasta de nuestra sombra. Esa era nuestra intención, pero todo iba a cambiar. Hicimos la ruta de siempre, en el restaurante de siempre, comimos y nos bebimos todas las sangrías que se podían beber un equipo de holligans en un Manchester/ Liverpool. Teníamos que olvidar todos nuestros pesares y yo, en concreto, tenía que dejar de llenar mi cabeza de momentos vividos con él. Salió el tema un par de veces, aunque yo evite entrar en el, no me apetecía demasiado hablar de mi caballero si pretendía olvidarlo. Seguimos nuestra ruta y nos bebimos un par de gintonics a la salud de todos los capullos que habían pasado por nuestra vida en el pub dónde comencé a acercarme a él, hacia casi un mes. Me repetí, nuevamente, que era una noche para olvidarle

Sonó el móvil un par de veces, y lo ignore por miedo a que fuese él. Así pasamos el rato bailando y bebiendo, y a través de la música y nuestros bailes, más bien torpes, olvidamos todo lo que sucedía. Íbamos contentas, por lo que la noche, como siempre, debía continuar. Así acabamos en la discoteca de siempre, medio borrachas hablando con todo el mundo y riéndonos de todo. Mientras hablábamos con un chico, no recuerdo muy bien de que tema trascendental, aparecieron Isa y él. Se plantaron a menos de un metro y mi gesto fue de sorpresa y rabia, tan sólo pude levantar mi mano en forma de saludo. En mi cabeza no paraba de rondar la pregunta: Porque ha aparecido? Qué hace aquí? Lara me cogió del brazo y me llevó al lavabo, intento calmar mi semblante, estaba en shock, y empezaron a brotar un par de lágrimas de mis ojos, aún sigo sin entender porqué. Lara sólo me chillaba, y me agarraba más fuerte intentando, a su manera, calmarme.
- Sólo ha venido a mearte la pierna, a marcar terreno, nada más. Sigamos con la fiesta y que le den! Ningún hombre merece que sueltes una lágrima. Ahora saldremos, nos fumaremos un cigarro y seguiremos tan felices- dijo mientras me lavaba la cara con el agua helada que salía de aquella triste pica de lavabo.

El agua no consiguió relajarme ni espavilarme, llevaba demasiados días conteniendo todo lo que empezaba a sentir. Aquel cigarro me supo a gloria, cada calada que daba, parecía que llenaba ese vacío que había empezado a sentir hace días. Y como no podía ser de otra manera, Oscar apareció en escena. Lara me arrancó el móvil de las manos y comenzó a llamarle, no cogió el móvil, y eso que Lara a veces llega a ser demasiado insistente. Al verlo pasar de nuevo, envalentonada, no sé si por el grado de alcohol o la rabia, Lara se levantó y se dirigió hasta él, no sé que le espetaria y que le contestaria él, pero se alejó unos metros de ella y siguió caminando, con esa serenidad y frialdad que tanto le carateriza. Lara me devolvió el móvil, y tan sólo me dijo que me fuese a casa que mañana me contaba detenidamente. Rabiosa se giró nuevamente gritando que era un gilipollas que no merecía la pena, para que él le oyese, le agarré de la chaqueta, y le dije que me iba a casa, que mañana hablábamos.

Le mandé dos mensajes:
La he cagado
Dijimos que si alguna vez alguno de los dos sentía algo. Lo dejábamos. Pues ya está. Se acabó.

Minutos más tarde camino a casa, en el metro, recibí una llamada, pense en no cogerlo, y mucho menos al ver su nombre en la pantalla, pero no pude evitar cogerlo. Su voz hizo que me estremeciese nuevamente y que tuviese ganas de llorar. Repetía incansable que quería que le dijese a la cara porque dejábamos eso que teníamos. Las ganas de huir que siempre me acompañan, hacían que cada vez tuviese más ganas de colgar ese teléfono y correr hasta que mis rodillas dejasen de funcionar. No entendía esa insistencia por vernos y explicarle lo que ya le había escrito. Para él, sólo era perder un polvo de vez en cuando. Para mí, seguir viéndole suponía mucho más.
Así que con esa voz que me embelesaba y esas dotes de persuasión, me convenció para que le esperase y le diese una explicación. Esperé en la parada de metro, no recuerdo el tiempo exacto, sólo sé que pasó demasiada gente alcoholizada con ganas de charlar y mantener una conversación, y yo carecia de empatía y ganas de hablar; tan sólo quería que llegase y soltar todo lo que estaba hirviendo en mi interior.
Le vi llegar, tan seguro como siempre. Sus labios nuevamente me llamaban, pero conseguí contenerme y no acercarme lo más mínimo a ellos. Mi cabeza, esta vez, mantenía frío todo mi cuerpo. Logré, con mucho esfuerzo, explicarle que no queria enamorarme de él, que empezaba a sentir algo y él ya me dejó claro que no quería nada, sólo sexo, sin compromisos, sin sentimientos, sin explicaciones. Le repetí en más de una ocasión que no le pedía nada, y a día de hoy puedo asegurar que jamás lo hice. Él no entendía mi postura, supongo que por el mero egoísmo de tener que buscar nuevamente a alguien que le calentase la cama.
En un momento de debilidad, y al escucharle pronunciar que no entendía porqué me alejaba si nos quedaban demasiadas cosas por hacer juntos como viajar juntos a Thailandia, no pude evitar abrazarle con todas mis fuerzas. Por ironías de la vida, en ese instante, el hilo musical del metro se volvió en mi contra y sonó: As time goes by
Moonlightand love songs
Never out ofdate
Hearts full of passion
No podía creer que un momento de esos que perduran y sólo suceden en las películas, lo estuviese viviendo yo. Ese abrazo quedará grabado en mi memoria de por vida.
Y así fue como minutos más tarde nos despedimos, no sin antes intentar autoengañarnos, diciéndonos que nos volveríamos a ver pronto. Así las despedidas duelen menos. Al verle marchar, sentí como se resquebrajaba algo en mi interior.

miércoles, 22 de mayo de 2013

Como te conocí cap IV Miedos y muros

Esa noche fue increible, una locura. El desenfreno se había apoderado de los dos. Exploró mi cuerpo con sus manos y su lengua, como jamás lo habían hecho. Parecía conocer todos mis puntos débiles, hacía que me extremeciese con cada caricia. Sus manos parecían conocer cada rincón de mi piel, y sabía como hacerme reaccionar al más mínimo roce.  No recordaba la última vez que sentí un escalofrío que recorriese todo mi cuerpo, tan sólo con una caricia, y él lo consiguió con cada una de ellas. Dos horas más tarde recogí mi ropa del suelo, me vestí y me fui, no sin antes despedirnos en la puerta, sus ojos nuevamente se retornaron gélidos y sus labios sólo consiguieron darme un frío beso casi rozando la comisura de los labios, al que debería acostumbrarme. Aún cuando recuerdo esa noche, y noto que se me corta la respiración. 

Supongo que la embriaguez, nuevamente había hecho estragos en nosotros, aunque para mí fue algo especial, ya que jamás había sentido nada parecido; no debía darle la mayor importancia. Para él no habrá sido nada más que una noche de sexo vacío de todo, por lo que no debo hacerme ilusiones de ningún tipo, ni de volver a verle, ni de seguir escribiéndonos.

Día más tarde seguimos escribiéndonos, no con el misma impetu que al principio. Por mi parte no quería darle a entender que jamás nadie me había hecho disfrutar tanto. Su mirada fría y sus besos vacíos no paraban de rondar mi cabeza explicándome a gritios que no era nada más que eso, una noche de sexo y posiblemente alguna más, si realmente al caballero gay le apetecía.

Y así fue, una semana más tarde me propuso quedar en un hotel, lo cierto es que al principio no me convencía la idea, pero necesitaba sentirle de nuevo. Sólo en pensar como sus manos hábiles habían explorado mi cuerpo, todos mis músculos, hasta los más ocultos, se estremecían. Finalmente pensé que si conseguía mantener mi cabeza fría podría disfrutar de esa noche.

Salgo de trabajar, nerviosa y ansiosa, parezco una adolescente a la que parece que esten espiando y siguiendo sus padres. La proposición de cena y hotel, ya no me parecía tan descabellada; pero igualmente desconozco el motivo de mi nerviosismo, y mi cabeza nuevamente va a mil por hora. ¿Debería darle dos besos tal y cómo hizo él la última vez? Si lo hiciese quizás pareciera que se tratase de un pacto entre amigos; pero si le beso directamente en mitad de la calle, no sé que pensará. Tampoco soy de esas personas que suelen mostrar ningún tipo de cariño, así que no veo el motivo por el que tenga que aproximarme a esos labios que me resultan tan apetecibles. De camino, en el metro, me reprimo mentalmenteque le daré dos besos, no es más que un trato de sexo mutúo, no hay nada más.
Pero al salir del metro, lo veo allí esperando, igual de sensual que siempre, con esa media sonrisa que me desconcierta, y esa mirad aque me perturba. Mientras mis pies me acercan hasta él, me repito mentalmente una y otra vez, como si se tratase de un tantra, no le beses, no le beses, no le beses. Esos labios me llaman hasta lo más profundo de mi ser y no puedo evitar que mis labios se aproximen a los suyos y mi lengua penetre en su boca comenzando a jugar con la suya, mientras mis manos acarician suavemente su rostro. Mi mente se despierta y deja de un lado mis instintos, haciendo que me separe y baje la mirada a modo de reprimenda.

Caminamos nuevamente, al igual que la vez anterior a un metro de dsitancia, hasta el hotel, sus palabras más agradables hasta la puerta del hotel han sido: ¿Llevarás el DNI no? Es que lo piden para el registro de la habitación. A lo que me hubiese encantado contestar: Nooooo, suelo ir indocumentada por la vida. Pero reprimí mis ganas de contestar de forma irónca, es más, reprimí las ganas de contestarle, y tan sólo asentí con la mejor de mis sonrisas sin llegar a alzar la vista para ver esos ojos que quizás estaban penetrando mi alma. Subimos en el ascensor, separados nuevamente y sin dirigirnos la palabra.

Esta es la habitación, dijo mientras abría la puerta. Había llegado antes que yo, eso seguro, ya que sus cosas estaban allí. Sólo he sido capaz de echar una ojeada a la habitación y dejar mi bolso encima del escritorio, ya que segundos más tarde se abalanza sobre mí tirándome en la cama, besándome con la misma necesidad que lo había hecho el primer día. Comienza a acariciarme por encima de la ropa, rozándose contra mí y haciendo que me pierda nuevamente, mi cabeza se calla y todo mi cuerpo se despierta. Continúa desnudándome poco a poco, con suavidad pero sin parar de besarme con esa fuerza y pasión que hace que le necesite aún más. Y cada vez que sus manos rozan mi piel mientras me desprende de una de mis piezas de ropa, un jadeo sale de mi boca sin remedio, se quita los zapatos y la camiseta; y permite que vea ese cuerpo que me vuelve loca, vuelve a acercarse a mí con esa seguridad que le caracteriza y sus brazos me rodean, haciéndo que su torso se aproxime tanto a mi pecho que noto como le late el corazón. Me quita el sujetador y sus manos comienzan a acariciar mis pechos suavemente haciendo que cada vez se pongan más duros y que gima de placer; mientras juega con su ya muy pronunciado miembro rozándose contra mí y poniendome cada vez más a tono. Todos mis sentidos se acentúan y cada vez soy más sensible a sus caricias, mis gemidos incontrolables hacen que sus jadeos casi ni se oigan, de tanto placer hace que casi roce el orgasmo. Se quita el pantalón y se desprende de mis bragas con gran destreza para finalmente penetrar en mí, haciendo que un escalofrío de placer recorra mi cuerpo de pies a cabeza.
No cesa en darme placer con todo su cuerpo y manejarme a su antojo; parece ser insaciable, y mis orgasmos cada vez son más intensos, hasta que finalmente estalla en un orgasmo tan intenso que veo como su boca se abre y gime de placer llegándo al clímax. Cae rendido encima de mí, jadeando, y siento como mi corazón bombea al mismo ritmo que el suyo. Y de mi boca sale de forma entrecortada: ¿Estás bien? Esta vez, es él el que asiente y no es capaz de mirarme a los ojos.

 Mi cabeza vuelve a despertar, y hace hicapié en recordarme que sólo ha sido el mejor sexo de mi vida, y baila al son de una música de conga.

Tras un par de minutos de descanso, hablar de un par de banalidades, y beber un trago de agua, que habilmente había puesto cerca de la cama; vuelve esa mirada de deseo en su rostro, y comienza a besarme, para acabar penetrándome de nuevo. ¿En serio? ¿Esto es real? Nunca había conocido a alguien con el mismo deseo que yo, no creía que un hombre pudiese estar tan dispuesto como yo, tras varias horas de sexo, va a ducharse tras comentarme que deberíamos cenar después de tanto desgaste. Aún extasiada y habiéndo perdido la cuenta del total de orgasmos que él había conseguido arrancar de mí, voy a la ducha, sintiéndome que floto en una nube.

Nos vestimos y empezamos a caminar nuevamente buscando un sitio para cenar, me gustaría que fuese un sitio normal, nada chic ni sofitiscado. Así que mientras andamos nos vamos comentando que nos gustaría cenar y que sitios descartamos ambos, la conversación comienza a fluir nuevamente entre los dos, hasta que un rato más tarde, vemos que hay una mesa en un restaurante no demasiado pijo y la carta es variada. Seguimos conversando mientras bebemos una copa de vino, para mi caballero gay, y una cerveza, para la punk. No puedo parar de mirar esos ojos que me tienen encandilada, de vez en cuando baja la mirada, no sé si porque le molesta que le mire tan fijamente o que le da algo de vergüenza. Traen la pizza y unas patatas bravas que pican en exceso, mientras cenamos seguimos riéndonos. Esta vez, es una sonrisa sincera,, nada forzado y parece que cada vez fluye más la confianza entre nosotros y hablamos de nosotros mismos, vivencias, anécdotas, ...

Terminamos de cenar y decidimos tomar una copa antes de volver al hotel, caminamos y nos sentamos nuevamente en una terraza, aunque no creo que sea muy recómendable para su resfriado. Nos tomamos un gintonic y vuelve esa mirada fría que me perturba. Así que le pregunto si se encuentra bien, a lo que él simplemente responde que tiene algo de frío por el resfriado. Terminamos el gintonic y volvemos al hotel.

Nos cambiamos y nos ponemos más cómodos, en mi caso llevo el pijama menos erótico que se pueda imaginar, un pijama comprado en la oysho con el dibujo estampado de la abeja maya. Me mira risueño y su mirada vuelve a tornarse sexy. Mmmmm, como me pone ese pijama y me señala la cama para que me acerque.
Tras otra sesión de horas de sexo increiblemente placentero, mi cabeza sólo me chilla: no te duermas, no te duermas, no te duermas y vete. No le he explicado que sufro de terrores nocturnos, por miedo, y el pánico comienza a ocupar el lugar que antes ocupaba el placer. Pero debido a la tranquilidad y serenidad que él me presta, caigo en un sueño profundo. Una hora más tarde me despierto con un espasmo, asustada y con la respiración entrecortada. Se acerca a mí, me abraza por detrás aún más fuerte y me acerca a él: Shhhh, tranquila, ya está. Me besa la cabeza, vuelvo a entrar en ese estado que sólo él puede conseguir y vuelvo a quedarme dormida.

domingo, 19 de mayo de 2013

Como te conocí cap, III Sin esperarlo

Pasé la tarde bastante tranquila, sin pensar en nada. Me concentré en mi familia, no quería pensar en nada más. Total mi caballero gay, no iba a acordarse de mí.

Mi móvil suena, mensaje de facebook, supongo que será Luis, y lo dejo correr. La resaca continuaba allí, por lo que no me apetecía hablar demasiado.

Mi sorpresa fue al descubrir minutos más tarde que se trataba de Oscar informándome que si se acordaba de la noche anterior, mis besos, y dándome su teléfono por si me apetecía hablar. ¿porqué no? Y así fuimos hablando algunos días, sobre que hacíamos y que tal nos iban las cosas. Lo cierto es que no me costaba demasiado escribirle, y quedarme embobada mirando el móvil esperando su respuesta.

Hasta que una semana más tarde me veo esperando en la parada de metro para ver una película en versión original. Estoy nerviosa, inquieta, e intento despejar mi cabeza pensando que no voy a estar a solas con él, Isa y su compañera de piso también van a estar allí; y me convenzo que Oscar sólo me ha invitado porque seguramente Isa le haya dicho que me gusta el cine. Vuelvo a repetírmelo una y otra vez.

Sale del metro, seguro de si mismo, no recordaba que fuese tan alto. Su pelo corto canoso y revuelto, sus ojos de un azul tan intenso y profundos que si te mira fijamente sientes que te ha desnudado y congelado el alma. Unos labios carnosos y de color sonrosado, que daría lo que fuera por probarlos otra vez. Una medio sonrisa le acompaña, poniendome aún más nerviosa. Se aproxima y observo lo bien que le quedan esos vaqueros y ese jersey, creo que debería dejar de pensar en como estaría sin esa ropa, que le da un aire tan pijo. Demasiado sofiaticado para mi.
Me da dos besos fríos rozando mis mejillas y vuelve a sonreir, de sus labios solo sale: hola, llevas mucho esperando? A lo que yo respondo con un: no, solo cinco mintutos, y omito decirle que han sido los cinco minutos más largos de mi vida porque no sabía cómo iba a reaccionar y lo frío que me ha parecido. Mejor así, tan sólo he sido un error de una noche, puede que por eso me haya invitado, para demostrarme que tan solo fui eso, una tontería de cuatro besos y unas caricias. Entonces, ¿porque ha insistido tanto para que venga? Tengo que acallar mi cabeza como sea, así que comenzamos a hablar de como nos ha ido la semana de camino hasta el cine.
Caminamos a una distancia de un metro, aunque parece que entre nosotros hay una distancia descomunal. Intento explicar el porqué había estado a punto de no ir, unos amigos, en una de sus locuras, habían decidido llamarme la noche anterior para decirme que se casaban y me necesitaban de testigo, probabemente sonase a escusa, pero era completamente cierto. Supongo que su mirada, nuevamente fría, quería decirme que le importaba un bledo lo que le estaba explicando y que no se lo creía de masiado. Vuelvo a callar y miro al suelo, no creo que sea capaz de aguantar nuevamente esa mirada, me hace sentir minúscula e indefensa.

Seguimos caminando, callados, en mi caso por lo nerviosa que estoy, y porque creo que si abro la boca, un bufido saldrá de su boca, hasta que llegamos a la puerta de la filmoteca. Menos mal, pero Isa aún no ha llegado, y nuevamente frío y distante espeta: ¿Te apetece tomar algo? Sentemonos

¿Que si me apetece tomar algo? Ahora mismo me tomaría un kilo de prozac para los nervios y litros de cualquier cosa para mantener mis labios sellados y entretenidos en cualquier cosa.
No para de morderse y humedecerse los labios, ¿acaso quiere volverme loca? tengo que dejar de mirar esos labios tan apetecibles y prestar atención a sus palabras, pero mi neurona no para de emitir señales indiscretas. Por fin aparece Isa, han sido diez minutos eternos, y creo que no he prestado atención a nada de lo que ha dicho, sólo he estado intentando apaciguar mis nervios y mis instintos más bajos. Su compañera de piso no ha aparecido, por algún motivo que me suena a escusa.

Bebo esa caña de cerveza que he pedido como si me fuese la vida en ello, tengo que beber,para no pensar en nada más que posar mis labios en ese vaso que me han servido. Hablan de sus historias y yo aparento prestar atención, me disperso muy rápido, su lengua humedeciendo sus labios no me ayudan demasiado. Quiero ver la película e irme, parezco invisble, al menos en el cine no seré un ente más que está incordiando su conversación. Sigo creyendo que no pinto nada aquí.

Por fin, entradas en mano, nos dirigimos al cine, he cruzado varias miradas con él, pero no puedo aguantar más de dos segundos, me cohibe. Nos sentamos, y cómo no podía ser, estoy en medio de los dos. No sé si es mala suerte o que el karma me envía señales inequivocas que esta va a ser mi noche.

La tentación vive arriba, termina, no puedo contar lo que ha sucedido, ya que para mí el cine es un out completo, me pierdo todo lo que sucede a mi alrededor, es uno de mis hobbies, y puedo perder el norte viendo una pelicula, no creo que sea algo romántico que te fastidien parte de la película besandote o perdiendo el tiempo con una caricia. Para esto puedo decir que soy bastante fría.

Oscar espera fuera mientras Isa me comenta que podemos ir a tomar algo, lo pienso por un instante y salgo fuera a esperar que Isa salga del baño. Vuelvo a sentirme minúscula mientras hablo con él, le comento lo mucho que me gusta el cine y las películas en versión original, debo parecer una snob, pero el cine me apasiona; al menos me siento segura hablando de ello. Puede que haya tartamudeado, no lo sé, estoy al borde de la histeria, pero Isa es mi salvación al salir del baño y comentar que podemos ir a tomar algo a menos de un minuto de la filmoteca.

Vuelvo a entrar en mi mundo al sentarnos, ellos comienzan a hablar de sus cosas, yo solo quiero un gintonic y evadirme un poco más. Sigue mordiéndose el labio, y lo humedece constantemente con su legua. No puedo pensar con claridad y mucho menos mirarle, esos ojos me hacen sentir pequeña nuevamente. Por fin llega mi gintonic, y no aparto la mirada de esa copa que puede que me de el mayor calor que pueda recibir esta noche. Ríen y comentan, creo que en algún momento han intentado que entre en la conversación, pero estoy absorta con mi copa y esos labios que no paran de rondar mi cabeza y hacen que sienta deseos de abalanzarme sobre él en cualquier momento.

Isa comenta que tiene que irse, vuelvo a aparecer en escena, y pienso en recoger mis bártulos e irnos. -¿Quieres la última? - comenta Oscar mientras me dirige esa mirada que me perturba.
No tengo tiempo de reaccionar y me encuentro despidiéndome de Isa y quedándome de nuevo a sólas con él. Se me corta la respiración y creo que mi jadeo, debido al deseo, se escucha a cientos de quilómetros, ya no puedo mantener mi mente fría.
Continúa hablando y en uno de esos momentos, me aproximo ya que no escucho lo que dice debido a la música, y sus labios ´que llevan provocándome toda la noche están demasiado cerca de los míos. No puedo evitar acercarme más y besarle, le deseo demasiado, no puedo frenarme. Por suerte soy correspondida y su lengua juega con la mía desenfrenadamente. Su mano, no se si por casualidad o por el deseo mutuo, se acerca a mi muslo y siento un escalofrío que me recorre todo el cuerpo. Le necesito, creo que no puedo pensar con claridad nuevamente, el deseo de sentirle me nubla todo.

Consigo congelar mi mente y beber nuevamente un trago de mi copa, pero al volver a mirarle, de nuevo se despierta todo mi cuerpo, deseo que esas manos que ahora estan retirandome el pelo para besarme nuevamente, recorran todo mi cuerpo. Y de mi boca, sin filtrar por mi cerebro sale:
Soy práctica, son las tres, y me iré a las cinco. ¿que te apetece hacer? ¿quieres tomar la última y me voy a casa o ....?
Aún no me creo que esa frase haya salido de mi boca, se queda un segundo parado, sin inmutarse, con cara indiferente; creo que como me diga que tomamos la última, me voy a casa directamente. Pero por fin reacciona: Si quieres vamos a mi piso.
Porsupuesto que quiero, creo que nunca he deseado tanto algo y de inmediato, el deseo que me embriaga tiene que apagarse de alguna manera.

jueves, 16 de mayo de 2013

Como te conocí cap II Despertar

Intenté despegar un ojo, y el maldito rayo de sol que se colaba entre las cortinas, había decidido penetrar en mi retina, para avisarme que ya era de día y en mi interior mi cabeza no paraba de bombear advirtiéndome que podía explotar en cualquier momento.

Suena de nuevo el móvil, y los Ramones con su blitzkrieg bop hacen que tenga la sensación que mis tímpanos van a comenzar a sangrar en cualquier momento y el tic tac de mi cabeza va más rápido. Alargo el brazo, e instintivamente logro que el dichoso móvil deje de sonar.

Consigo abrir uno de mis ojos, haciendo un esfuerzo increíble; aguanto el párpado con mi dedo índice intentando burlar el maldito rayo de sol y dirijo mi ojo hacia un campo de visión en el que la luz no me incordie tanto.

Ese azul de las paredes y esa bandera con el símbolo de la marihuana intentando parecer ser mi cortina, me son familiares. El cazasueños enorme de color azul que cuelga del techo va girando suavemente, suelto un bufido, y el cazasueños comienza a girar rápidamente; suelto una carcajada, aún recuerdo como llegó ese cazasueños a aquella habitación y lo mucho que me relajaba admirarlo antes de dormir.
Hace años mi madre estaba en una feria hippie, y un chico de las típicas paradas que huelen a incienso desde que giras la calle, comenzó a explicarle la leyenda de los atrapasueños, con el único proposito de realizar una venta:
- Señora, según creen los indigenas los atrapasueños filtran los sueños de las personas, dejando pasar sólo los sueños y visiones positivas; los sueños que no recuerdas son los que bajan lentamente por las plumas. Y las pesadillas se quedan atrapadas en la cuenta - señaló la piedra central del artefacto- y a la mañana siguiente se queman con la luz del dia para que no se cumplan.
Al escuchar esto, no tuvo más remedio que comprar aquel cacharro enorme, y para darme la sorpresa lo colgó del techo de mi habitacion justo encima de mi cama, para velar por mi sueño. Nunca supe si realmente teniía esa utilidad, pero al acostarme siempre lo miraba antes de cerrar los ojos, como para avisarle que iba a dormir y ya sabiía cuaál era su trabajo.

Por fin consigo adquirir algo de conciencia, y recuerdo vagamente que me habia quedado a dormir en casa de mis padres. El sentimiento de culpa y un amargo sabor a ginebra, hace que mire el movil.
Veinte mensajes sin leer. Ufff lo primero que escriben mis dedos es: La he cagado, y dejo el móvil encima del escritorio haciendo caso omiso de los mensajes pendientes y comienzo a hacer un croquis mental de lo que había sucedido la noche anterior.

Tras unas cuantas jarras de sangría, cenar y unas extrañas conversaciones sobre sujetadores y últimas juergas corridas por cada una de nosotras, decidimos que ya era hora de bailar y beber algun cubata en condiciones. Así que nos movilizamos hacia el disco-pub mas cutre que conocemos con música pachanga, la cuál por cierto odio, pero con un alto nivel de alcohol en sangre, ya sabemos que lo bailamos todo. Un par de cubatas más tarde Oscar ya formaba parte del grupo, debido a que el alcohol nos sociabiliza a todos.
Seguro que es gay, pensé, por lo que entiendo que ese era un buen motivo para haberme acercado más, oh dios! recuerdo que le enseñé mis bragas!, (añado una nueva nota mental: eres gilipollas). Cerramos el local a eso de las tres y media de la madrugada, demasiado contentos cómo para que la noche acabase ahí. La siguiente parada fue el portal de al lado de la discoteca a la que nos dirigimos, Lara se encontraba demasiado borracha como para seguir la juerga, por lo que en menos de dos minutos cogió un taxi y se fue a casa, no sin antes pedirme perdón mil veces ya que me dejaba sóla con Isa que desaparece siempre y su amigo del cuál no sabíamos absolutamente nada.

Pensé en irme yo también a casa a de mis padres ya que no me apetecía demasiado seguir la juerga sin Lara, y mucho menos sóla ya que desconocía si Oscar también era de la misma condición que Isa: desaparezco a la mínima y te dejo más sola que la una. No me dió tiempo a pensar demasiado ya que Oscar salió en nuestra busqueda ya que la cola había avanzado y casi nos tocaba entrar. Tras explicarle que Lara se había ido, se había llevado mi monedero y no me apetecía demasiado, insistió un par de veces, hasta que finalmente me cogió de la mano y me arrastró a la cola. Al cogerme de la mano un escalofrío recorrió mi cuerpo, y nuevamente me convencí de que aquel chico era gay.

En la discoteca pedimos un cubata más, por si no habíamos tenido bastante, e Isa comenzó a hablar con un tal Jordi, del cuál no recuerdo ni su cara, y Oscar para auyentarlo le dijo que Isa era su prima y yo su novia. Jordi, se acercó a mi oido ya que el nivel de la música era muy alto, y me dijo que no se creía que yo era su novia mientras señalaba a Oscar. En uno de esos choques neuronales que suelo tener, agarré a Oscar de la cara y le planté un beso en los labios. No dijo absolutamente nada, supongo que por el pensamiento que pudo recorrer su cabeza: ¿qué hace esta loca?

Isa desapereció de mi campo de visión, y Oscar y yo nos quedamos a solas, bailamos durante un buen rato y hablamos de banalidades, hasta que se aproximó demasiado a mi, casi podía escuchar su respiración entre aquel ruido, me agarró de la cintura, pegó sus labios a los míos y me besó apasionadamente, como no recordaba que me hubiesen besado antes. Sus besos sabían a necesidad, wishky y a sexo.

Salimos a fumar, necesitaba respirar, pensar, y aclarar mi mente perturbada entre tanto deseo y alcohol. Nueva conversación banal hasta que me pidió mi facebook y me agregó.
Quizás sea una forma nueva de ligar, debo estar demasiado oxidada para esto, ¿en serio se pide el facebook a alguién?.
Volvimos a entrar y seguimos besándonos y acariciándonos, cuál quinceañeros, hasta que encendieron todas las luces de la discoteca, así despertamos del encanto, deseo y un largo cúmulo de sensaciones, que hacía demasiado tiempo, no sentía.

El caballero, el cuál creía gay, decidió acompañarme hasta la estación ya que tenía que movilizarse en el mismo transporte, por lo que la caballerosidad es dudable. Y nos despedimos con un beso y un no te acordarás mañana de mi por mi parte, que si no recuerdo mal, le repetí unas mil veces durante toda la noche.

Al menos fui consciente y me despedí. No creo que fuese capaz de ser la chica de esa noche de la cuál no me acuerdo ni de broma, pero me lo pasé bien.

Vuelvo a mirar el móvil:

- Pero que ha pasado?

                                  - Anoche me lié con el amigo de Isa
                                     tranki, no pasó nada
                                     la he liado
                                     me siento fatal
                                     te cuento detenidamente el lunes

- Pero no paso nada?

                                    - Seguro
                                       un par de besos
                                       menuda resaca
                                       jajajaja y tú q tal?

miércoles, 15 de mayo de 2013

Como te conocí cap.I

Miré el espejo por última vez y por mi cabeza hueca solo planeaba un pensamiento: joder, por muchos tutoriales de youtube que vea y tiempo perdido, acabo maquillándome de la misma manera.
Vestida de cualquier manera; jeans, una camiseta de tirantes y un jersey calado, salí a la calle con la mejor de mis sonrisas, Básicamente, autoconvenciéndome que esa sonrisa iba a iluminar mi noche, (apuntada nueva idiotez en mis notas mentales) crucé el umbral y deslicé mis pies hasta la calle.

Lo más rápido que puedo, corro hacia la estación de tren, vuelvo a llegar tarde.

Movil:
- Llego tarde otra vez, jajaja
  Tú como lo llevas???
                                     - Igual, jajajaja somos unas desastres
                                       Si llego antes a la parada te aviso
                                      tengo que sacar pasta
- Ok, yo tb
                                      - Ok

Me pongo los cascos y busco la lista de reproducción en el móvil, sin música no funciono. Me dejo caer en el asiento del tren, apoyo el codo en la ventanilla y dejo caer la cabeza sobre mi mano. Cierro los ojos y dejo de pensar durante cuarenta minutos.

Movil:
- Ya casi estoy
                                   - Ok, yo llegando tb

Salgo de la estación, me acerco un cigarro a los labios y lo enciendo, ufffff lo necesitaba. Después de casi una hora de trayecto lo que necesitaba era este cigarro.

- ¡¡Pero que guapa vienes Cris!! casi no te conocía - grita entusiasmadamente Lara desde la esquina. Sé que miente, pero es mi mejor amiga, por lo que no puedo echarle nada en cara.
- Va tonta, que vengo hecha un trapo con las prisas - refunfuño, comprobando el poco estilismo que tengo.

A toda prisa, como no, sacamos dinero del cajero y recorremos las calles en busca del restaurante en el que  hemos quedado con Isa y un amigo suyo, al cuál no conocemos.
Lara y yo nos parecemos demasiado, y entablar conversación con gente nueva nos cuesta demasiado, por lo que no nos entusiasma mucho la idea de cenar con alguien nuevo, pero no podíamos hacer nada al respecto.

 - Ei Isa, llegamos tarde, lo sabemos - decimos, disculpándonos  al unísono. A veces creo que a Lara y a mi nos separaron al nacer, decimos las mismas frases y al mismo tiempo.
- Sí, pero no os preocupéis, Oscar tampoco ha llegado. 

Así que encendimos otro cigarro para la espera, y nos fuimos contando las últimas novedades, que nos habían pasado a cada una. 

- Este es Oscar - señaló Isa, seguidamente de las respectivas presentaciones que tan poco nos gustan a Lara y a mí.
- ¿Entramos? - dice la Lara mientras consume las ultimas caladas del cigarro y con un gesto, no muy acertado, indica la puerta del restaurante.

Menos mal, pienso al sentarnos en una mesa, sólo  quiero pedir una sangría y empezar a beber. 
- Una sangría, por favor - alzo la voz y mi brazo a la vez por sino me ha visto el camarero.

Muy amablemente el camarero tras diez minutos de conversación banal, se dirige muy pausadamente hasta la mesa con la sangría y los vasos, y vuelve a marcharse con la misma parsimonia.
- Joder mi vaso está sucio; ¡perdona, puedes darme otro vaso? - espeto haciendo caso omiso de la conversación que mantienen los tres, sólo quiero beber.

Al hacer caso omiso a mi petición, Lara y yo decidimos compartir vaso, así por lo menos puedo beber. Sin embargo Oscar en un gesto de caballerosidad se levanta con mi vaso sucio, se acerca a la barra y pide un vaso limipio; para mi sorpresa, le hacen caso.