jueves, 12 de septiembre de 2013

Primer intento

Miro de nuevo el blog, y realmente me doy cuenta que tienes razón. No soy capaz de escribir historias alegres. Supongo que los buenos momentos los comparto contigo y no soy capaz de expresarlos; me es mucho más fácil escribir y "vomitar" todo; esto es debido a que antes era incapaz de expresar nada; me lo guardaba todo tras los muros de seguridad, y dejaba que todos mis pensamientos se pudriesen en un cajón archivado en mi memoria. Sólo he aprendido a escribir desahogándome.

Así que decido intentar inspirarme... música, como no. A ver por donde empiezo, The 69 eyes, creo que paso, Kiss, Extremoduro .... pues la verdad es que no es muy inspirador, ni muy "happy". Y entre mis cd's ¡Coño, que hace un disco de Huecco! Vamos a probar a ver si así me inspiro, lo cierto es que este disco me recuerda a mi amiga Marta, cuando salíamos nos volvíamos locas escuchando Huecco, por culpa de una noche de esas de borrachera, en las que Marta consiguió que el Dj de la discoteca le regalase el cd que tengo yo ahora en mis manos, y otras cosas más que no vienen a cuento.
- Ohhhh!!!! que es!!! que es!!!! - chillaba Marta histérica
- Huecco!!!! - contestaba yo entre carcajadas
Bueno por ahora, al menos he conseguido sonreír recordando esta historia y tararear canciones absurdas.

Tarareando estas canciones, recuerdo como te conocí y las pequeñas cosas que han hecho que me enamore de ti. Desde el momento que me sonreíste por primera vez mirándome a los ojos, cuando te dije que la música de la discoteca en la que estábamos me parecía vomitiva, con gesto incluido; desde aquella sonrisa comenzaste a conquistarme; en ese momento aún no lo sabía, pero ibas a ser el culpable de que sonriese cada mañana al mirar un mensaje de "buenos días".
O cuando estamos en la calle, te acercas disimuladamente y deslizas tu mano hasta llegar a coger la mía; y cuando te la suelto porque estoy explicándote algo (debido a que gesticulo mucho), me miras fijamente y me vuelves a coger la mano firmemente y con la otra das unos golpes en nuestras manos entrelazadas, como queriéndote asegurar que no me voy a volver a soltar.

Son tantas las cosas que me gustan de ti que no sabría por donde empezar; podría empezar por decirte que me sorprende que recuerdes pequeñas cosas de mí, como que me encanta el chocolate, cosa obvia, pero aún me sorprende que recuerdes que me encanta el chocolate negro 100% cacao, el que se utiliza para repostería; o que sepas lo que pienso antes de abrir la boca.

Adoro que disfrutes de los pequeños placeres de la vida, cosas insignificantes para los demás, y tan importantes para mí y para ti. O que te acuerdes de mí en alguna de tus situaciones diarias por cualquier bobada de las mías.

Desayunar contigo es uno de los mayores placeres, aunque sabemos que tras el desayuno nos despediremos nuevamente, es indiferente porque es el final de una velada fantástica.
Hablando de comida, me observas con asombro, como si nunca hubieses visto a nadie disfrutar tanto con algo tan sencillo como un trozo de pan con queso (chesse nan), o con un pastelito árabe de pistacho, o un cous cous de verduras. Otra cosa que me sorprende, es que no te importe probar comidas nuevas y que seas curioso. Ese niño interior que tanto me gusta.

Me excita que pases tu lengua por tus labios y que lo muerdas; y que no puedas evitarlo, aún me gusta más. Cuando me dejas que penetre en tu mirada infantil y evitas mi mirada como si te hubiese desnudado, y que te pongas nervioso y titubees por un momento.

Cuando muero en tus brazos, es como si acariciase el cielo con la punta de los dedos; y sentir tu corazón como late en mis oídos hace que me sienta viva y que no quiera alejarme ni un segundo de tu piel. En ese instante haces que el mundo deje de girar y siento que me proteges de todo lo malo que hay en mi cabeza. Y no sabes lo mucho que me gusta verte dormir, me encantaría poder disfrutar de ello cada día, acariciarte mientras sueñas, oír tus respiración, que no me sueltes ni por un instante, y que no te perturbe mi presencia.

No se como lo haces, pero me haces reír en los peores momentos, siempre me haces reír; aunque intente evitarlo. Todo cobra sentido cuándo estoy contigo.

Esta sólo es una pequeña muestra de todo lo que me gusta de ti.

La mayoría de las veces, las montañas rusas son divertidas.

sábado, 7 de septiembre de 2013

Vuelta a empezar II

No estaba nada bien. Pero eso no impedia que intentase parecerlo. Con él no podía, sabia que conocía cada una de mis muecas, de los intentos por no molestar a nadie.

Me abraza fuerte nuevamente, como si le fuese la vida en ello, y como si mi cuerpo se pudiese estrujar cuál peluche. No me importa, tan sólo necesito ese abrazo que termine de absorber las últimas lágrimas que me quedan. Pero para ironías del destino, tan solo dejo que mis lágrimas fluyan y se abran camino entre mis mejillas. Ha abierto la caja de Pandora una vez más, y entre sollozos solo puedo pronunciar:
- Tengo miedo.

No me suelta, deja que me derrumbe en el suelo y se agacha para abrazarme aún más fuerte.
- Cariño, estoy aquí, no voy a dejar que te vuelvan a hacer daño, respira.

Ahora no puedo parar, mi cabeza ha estado impidiendo esto. He vuelto a tocar fondo. Habia estado una semana teniendo pesadillas y despertandome sin aliento, teniendo la misma sensación de estar sucia y de que mis entrañas se abrían paso hasta llegar al suelo. Lo último que necesitaba era sentirme un agujero donde meter más mierda. Vuelven sus gritos a retumbar en mi cabeza, y noto como sus manos aprietan mi garganta hasta no dejarme respirar, veo sus ojos clavados en mi, y mi cuerpo deja de responder.

Me despierto, suena el timbre, no estoy en mi cama, miro a mi alrededor y veo el despertador, son solo las doce, y tengo la sensación que me han pegado una paliza, me duele todo. Abren la puerta de la habitación.
- Cariño, puedes levantarte?
- Si
- Porque no me lo dijiste ayer?
- No...
- Date una ducha, nos vamos.

Siento que el mundo se abre entre mis pies, pero no estoy dispuesta a dejarme vencer y me levanto.
- Lo siento
- Vamos no me jodas, no puedes quedarte con tanta mierda, mira lo que te haces.
- quien ha venido? No quiero ver a nadie
- Sergio ha venido a buscarnos y nos vamos

Suena a amenaza, asi que me ducho y me visto, no tengo nada mejor que hacer.
- Cielo, no mereces esto... Tu no...
Ahora no soy yo la que llora sin consuelo, le abrazó fuerte.
- Merecemos que nos quieran

Necesito gritar, bailar, beber, sentirme bien, respirar. Necesito desahogarme un poco más. Tenemos una charla de esas en que las confesiones de ambos espantaria a cualquiera, reímos y lloramos, parecemos dos adolescentes en pleno apogeo hormonal.

Nos levantamos del sofá y salimos por la puerta, espléndidos y con la mejor de nuestras sonrisas. Nos queda una noche de copas y risas. Todo lo demás ya no importa, mi cabeza está en modo out, y sólo pienso en evadirme de toda mi mierda y disfrutar toda la noche. Según dicen el alcohol cura y ahoga las penas. Sea.

Son las cinco y media, volvemos a casa un poco perjudicados tras unos cuantos gins, un poco de baile y unas cuantas conversaciones vanales con desconocidos. Estamos exhaustos, Alberto no para de reír y yo me he contagiado de esa risa absurda, carcajadas sin sentido.

Llegamos a su casa, me siento en el sofá otra vez y enciendo un cigarro.
- Tenemos una conversación pendiente.
- Ahora no, nos lo hemos pasado bien y ya ha pasado todo.
- No ha pasado, pero sigue pendiente princess.

Me acaricia la cara, torpemente, debido al alcohol ingerido y nos vamos a la cama. No puedo dormir, mi cabeza empieza a funcionar; cojo el móvil, hace más de 12 horas que no miro ese estúpido cacharro. Me autocritico mentalmente y vuelvo a dejarlo encima de la mesilla.
Tan solo necesito dejar de pensar un rato, pero he acallado mis pensamientos demasiado rato y ahora ya no puede parar.

Son las diez, y he pensado demasiado, la cabeza me va a explotar, Alberto sigue durmiendo a mi lado. Prometió no dormirse, pero ha sido un dia intenso, demasiado ha hecho por mí ya.
Vuelvo a coger el móvil, y recuerdo a mi profesor de filosofía, si no puedes expresarte, escribe y vomita todo. Y eso es lo que me dispongo hacer. Abro el blog y empiezo a escribir.

Vuelta a empezar

Nuevamente me sentía perdida, sola, y con el ánimo a la altura de mis zapatillas Victoria. Me sentía igual de pisoteada que el suelo por el que estaba deambulando. Como siempre mis piernas pensaron por mi y llegué a la playa. Por fin algo de serenidad en mi cabeza, aposento mi culo en la arena y estiro las piernas. Enciendo un cigarro y dejo que pase el tiempo mientras observo como el mar se revela contra la tierra y choca apresuradamente dejando el rastro de su rabia. Hoy el mar comparte mi rabia suelta la absurda de mi cabeza, haciéndome sonreír por un instante.

Sigo fumando mientras mis pensamientos parecen haberse calmado por un instante. Mi cuerpo necesita relajarse por lo que se deja caer en la arena completamente. El cielo también está encabronado. Las nubes se han revelado y han tapado por completo al sol y dejan caer mil lágrimas mientras me calo toda entera.

Quizás hayan pasado un par de horas, no llevo reloj y me ha parecido una eternidad, estoy empapada. Mi cabeza ha estado callada más tiempo de lo normal, y eso me parece demasiado extraño. Me levanto cuál zombie de los 60 y me arrastró hasta casa.

Miro el movil y tengo 12 llamadas perdidas y 4 mensajes. Alberto ... Cómo no. Cojo el teléfono y pongo mi mejor sonrisa.

- Ya era hora! Joder, me tienes preocupado.
- Aeto, estoy bien, es que he ido un rato a la playa y ...
- Mientes muy mal. Ya hemos hablado de esto, Joder. Levanta tu culo del sofá y te vienes a casa.
- Ya pero es que ...
- Ni peros ni nada, coge las llaves y te vienes ya. Te doy media hora o te voy a buscar
- Vale, pero de verdad que no hace falta.
- Lo que tu digas princess , va 30 minutos.

Y asi es como me veo metida en el tren de vuelta a Barcelona. Miro por la ventanilla del tren y compruebo que el mar sigue ahí y me voy alejando de él. Mientras, la gente charla animadamente los unos con los otros, por lo que cojo mis cascos, los enchufo al móvil y le doy al play, suena Corazón de mimbre. Genial! Hasta mi movil se ha compaginado con mi humor.

No se cómo he llegado hasta aquí. Siento que me estoy dejando llevar por los acontecimientos y que mi cabeza esté callada no ayuda mucho. Supongo que está demasiado ocupada intentando que no me desvanezca como para enviar pensamientos.

- Nena! Se puede saber que coño te estás haciendo? Pareces un fantasma.

No me salen las palabras, no sé que decir, me apoyo en el umbral de la puerta e intento que mis músculos faciales reaccionen para sonreír, no hay respuesta.

Alberto me abraza y me estruja como si quisiera sacarme zumo, hace que pase y que me siente en el sofá mientras prepara unas infusiones. Sigo sin poder reaccionar. Tienes miedo. Bueno, al menos mi cabeza parece que ha despertado.

Tomo los primeros sorbos de la infusión de frutas del bosque que me ha preparado, mientras me mira de esa manera que solo las madres miran q sus hijos, psicoanalizandome.

Terminamos la infusión, y sigo sin hablar. Estira el sofá para hacerlo cama y hace que me tumbe, me tapa con una manta de ositos que sólo un gay puede tener en su casa, y se tumba a mi lado abrazandome. Me conoce demasiado.

- Casi se me olvida, no he puesto The crow, dame un segundo.
- Vale

Por fin reacciono, pone la película y nos quedamos callados nuevamente. Nos hinchamos a llorar, medicina para los dos. Lo necesitamos, sé que lo necesito, y tal y como me abraza, sé que él también necesita este momento.

- Princess se que no me lo quieres contar pero ... Has vuelto a tener pesadillas a diario verdad?
- No, no te preocupes no es nada
- Cariño a mi no me engañas

Suena a escusa y ya habia llorado lo que no habia llorado en meses, pero estaba bien, habia echado todo lo que sobraba en mi cuerpo. Claro que no estaba bien