martes, 25 de junio de 2013

Después de las pesadillas siempre despiertas

Me despierto de nuevo jadeante entre llantos, el sudor frío vuelve a recorrer todo mi cuerpo, y al abrir los ojos no puedo gritar. Estoy paralizada y aún noto como la voz no me responde. Comienzo a respirar poco a poco y mis manos empiezan a responder, es casi como si un hormigueo atacase todo mi cuerpo. Otra vez, no!! Siento aún la presión en mi cuerpo y sus manos en mi garganta, de nuevo ese hedor cubre la habitación y su voz aún retumba en mis oídos aterrorizándome.

Me levanto en cuanto mis músculos responden por fin, y corro a la ducha, tengo que quitarme ese olor, y tras más de diez minutos frotándome y dejando caer el agua, consigo volver al mundo real, son las cuatro de la mañana.

- ¿Otra vez?, ya te he preparado una tila, anda, siéntate y relájate

Consigo sentarme en el sofá y beberme la mitad de la dichosa tila; todo el cuerpo sigue temblándome, y de nuevo los escalofríos, odio esta sensación. Necesito controlarme y pensar en otra cosa. Quizás lea un poco, es lo que me evade de todo.
Cojo mi libro electrónico, le pongo los cascos y mientras suena Cada Noche de Marea, intento leer una página de algún libro que tengo a medias, la cabeza me da vueltas e intento no pensar en nada, sólo quiero concentrarme en el libro. Cierro los ojos, y mi pensamiento hace que vuelva a ver esos brazos cogiéndome y esa horrible voz retumba nuevamente en mis oídos. Vuelvo a levantarme y enciendo una vela, un poco de incienso, a ver si así, además de perder el tiempo un poco, consigo centrarme.

- Va! ves a la cama, intenta dormir algo, te pongo el inhalador al lado por si acaso. - acaricia mi pelo y me besa en la frente, que ahora mismo creo que el sudor me está helando.

Y mientras tanto, mi cabeza sigue dando vueltas a mil por hora. Sigo leyendo, para poder concentrarme y así consigo que pasen al menos dos horas más.

Vibra el móvil, y un buenos días hace que evada de cada uno de mis malos pensamientos, sólo quiero pensar en esta noche, he quedado con él para ir a cenar a mi restaurante favorito y tomar algo. Una sonrisa se dibuja en mi rostro, él hace que me evada de cada uno de mis malos pensamientos. Sólo pensar en él ya hace que me siente mejor, a pesar de todos mis miedos.

El día pasa rápido, tal y cómo esperaba, mucho trabajo y pocas ganas de pensar, y algún mensaje en el móvil hace que el día sea más ameno. Recibo una llamada a eso de las cuatro de la tarde, es Alberto que tras mandarle un mensaje comentándole la mala noche que había pasado había decidido llamarme, hablamos más de dos horas, Alberto intenta calmarme como siempre, y acallar mis miedos. Hace que no piense en nada más y me concentro en la tarde que voy a pasar. Al menos eso me calma.

Quedamos un poco tarde ya que a mí no me daba tiempo a  llegar antes, algo bastante típico en mí. No me ha dado tiempo a arreglarme demasiado, un jersey, una falda negra corta, unas medias negras y las botas; he podido peinarme un poco y pintarme algo; un poco de pintalabios rojo, un poco de rimmel. Comienza a llover, y esta vez creo que he llegado yo antes, cinco minutos más tarde, la lluvia ha comenzado a calarme, y aparece de la nada. Estaba como siempre, con su semblante frío y esa media sonrisa que me pone tan nerviosa. Se me hiela el alma cada vez que me mira con esa indiferencia, me acerco poco a poco y le beso, como siempre ese escalofrío recorre mi cuerpo. Esa sensación de deseo irrefrenable y esas ganas de sentirle vuelven a mi cabeza, pero me mantengo distante. Sigo sintiendo miedo a sentir, a enamorarme perdidamente y perder el control de todo; pero no puedo evitar querer tenerle cerca. Esas contradicciones por lo menos hacen que mi cabeza se mantenga ocupada durante un buen rato.

- ¿Vamos a tomar algo antes?
- Sí claro, podemos tomar algo.

Sonrío, mientras caminando nos dirigimos a algún sitio a tomar una caña. No me encuentro muy bien y he pasado muy mala noche, por lo que sentarme en cualquier sitio me irá bien. Así que al segundo sitio en el que nos ofrecen tomar algo entramos. Nos sentamos a menos de un metro, nos tomamos una caña, y comenzamos a charlar. No dejo de darle vueltas al hecho que no entiendo porque seguimos quedando para cenar y tomar algo, no soy nada y no somos nada; por lo que suelto lo primero que se me pasa por la cabeza.

- Quiero que sepas que puedes hacer lo que quieras y con quién quieras, que no me tienes que dar explicaciones de nada, es más no las quiero. Sólo quiero que sepas que eres libre de hacer lo que quieras, y no tienes porqué contarme nada.

Su rostro ha cambiado por completo, ha borrado su sonrisa tan preciosa, y junta sus labios, creo a modo de desaprobación y tan sólo espeta por su boca:

- Ya sé que puedo hacer lo que me apetezca.

Creo que no me he sabido expresar, o explicarme correctamente. Tan sólo quiero que sepa que es libre de hacer lo que quiera, que nunca le he pedido explicaciones, ni se las voy a pedir; que sé y he asumido que no somos nada, y por eso mismo no tiene porqué decirme nada, que no tiene obligaciones conmigo y que ya sé para lo que quedamos . Quizás no me he explicado bien.

- No sé si me entiendes, a ver, que puedes tirarte a quién quieras, que no me tienes que dar ninguna explicación, que no las quiero, que eres libre.

No creo que lo haya arreglado demasiado, pero creo que lo mejor es que le diga lo que pienso. Sus labios se juntan aún más y la mirada se vuelve más gélida aún.

- Sí, si, te he entendido perfectamente.

En ese momento suena el móvil,  la oportuna de mi madre; salgo fuera del local y hablo durante cinco minutos con mi madre. Vuelvo a entrar y al volver a sentarme cambia de tema.

- Vamos a cenar que se hace tarde.

Esa era la mejor manera de zanjar el tema, imagino que no le ha debido gustar que le diga lo que pienso, pero al menos yo hablo, y cuento lo que me pasa; tendré que empezar a cerrar la boca y no mostrar lo que siento ni lo que pienso.  No sé si he hecho bien en decírselo, pero es lo que pienso, sé que no somos nada, y deberíamos hablarlo; pero como siempre se zanja el tema.
Nos dirigimos al restaurante pakistaní, un poco tarde, y nos sentamos a cenar, pedí mis platos favoritos; y al ser tan tarde no pudimos tomar postre ya que habían cerrado la cocina.

Al no haber postre, fuimos a tomar algo, seguimos hablando de nuestras cosas, supongo que él, intentaba evadir el tema que yo había sacado antes, así que comenzó a hablar de la cena; al menos sabía que la cena le había gustado; o por lo menos eso decía. Así que hablando y caminando, llagamos a un sitio que él conocía. El local estaba bien, vacío, tranquilo y de ambiente árabe. Se podía charlar tranquilamente y tomar unos gin tonics sentados en unos sofás relajados.
Estamos hablando y se acerca acariciando mi cara con su mano, y me besa nuevamente, como sólo él sabe besar, con esa necesidad que hace que me derrita y me olvide de todo. Conectamos nuevamente y nos besamos con pasión, sin dejar de jugar con nuestras lenguas, y acercándonos más; como si nuestros cuerpos necesitasen nuevamente sentirse. Se separa un segundo de mí y de sus excitantes labios tan sólo sale:

- ¿Quieres tomar otro?

Sólo pude pronunciar un no, y me levanté del sofá, tan sólo podía pensar en volver a sentir su cuerpo junto al mío. Es nuestra forma de sentir, tan sólo eso, sexo.

lunes, 3 de junio de 2013

Como te conocí cap VII Despedidas en una fuente

Deseaba poder decirle que todo se habia acabado. Cada vez que pensaba en él, no podía dejar de recordar que sólo estaba a mi lado porque me había saltado el pacto y él lo había aceptado. Aquella nota que leía día tras día, me hacía pensar en que solo me estaba dando lo que yo quería oír y quería que él sintiese. Recapacité y sabía que solo me estaba reteniendo, no habia nada entre nosotros, y era algo en lo que tenía que pensar, no se si estaba dispuesta a aceptar. A mi me habia calado hasta los huesos y solo tenía una falsa ilusión a la que aferrarme. Necesitaba alejarle de mí, y aún no sabía cómo hacerlo.
 
Por alguna razón seguimos hablando, y escribiendonos sin cesar. Parecía que nos necesitásemos el uno al otro, al menos eso era lo que yo deseaba creer. Intentaba no darle demasiada importancia a lo que estaba sucediendo, porque no quería ilusionarme de nuevo, volver a tropezar y volver a sentirme vacía. Sacaba lo mejor y lo peor de mi, podía llegar a crispar mis nervios, alterarme, y a la vez podia ser la persona más dulce cariñosa y deseosa de darme todo lo que necesitaba. Habia llegado a darme tantas cosas que a veces yo era incapaz de separar lo que sentía, y escribía alguna frase demasiado ñoña para mi gusto, y enseguida me retractaba.
Cuando estábamos juntos, el tiempo se detenía y dejábamos que todo fluyese, nuestros más bajos instintos actuaban por nosotros. Me descontrolaba cuando esa mirada gélida se tornaba apasionada y deseosa de poseerme, y hacer conmigo lo que se le antojase. El sexo era increible, escucharle gemir era la mejor melodía que mis oídos podían escuchar. Solo sentir sus manos definiendo mi cuerpo, hacia que el deseo se tatuase en mi piel, y necesitase sentirle dentro de mí, eso hacía que se destuviese el tiempo por un momento.
Esa era nuestra forma de sentir, el sexo, era la forma de curar nuestras heridas y librarnos de todos los tapujos y sinentidos que arrastrabamos.
 
Nuevamente me sentía vacía, sabía que me estaba aferrando, a una situación que era contraproducente para mí. Llamé a Alberto, uno de mis mejores amigos, por no decir el mejor. Aunque él no estaba pasando por la mejor de las situaciones, sabía que no suelo pedir auxilio, así que sin dudarlo se plantó en casa para ver que es lo que estaba sucediendo. Le expliqué la situación, y mis grandes dudas, no podía dejar de darle vueltas al hecho de echar a correr y dejar que el tiempo hiciese lo que yo no podía, alejarme por completo. Alberto sólo me dijoq ue me djase llevar y que dejase de correr continuamente ante las situaciones que me dan pánico porque no puedo controlar y que hacen que me implique.
Tenía toda la razón pero no podía seguir así, mi cabeza volvió a funcionar y apagó la voz de mi corazón, alejate!!! Y sin dudarlo decidí no volver a verle más, llevaba un mes dándole vueltas a esa situación y necesitaba huir. No podía más, y una de nuestras últimas conversaciones, me partió el alma de nuevo.
- Si lo prefieres nos vemos menos, quizás así sea mejor
- Es genial que pienses igual, no vernos tanto hace que nos echemos de menos
- Claro pensamos igual
 
No pensaba igual, claro que no, pero eso demostraba que tampoco quería verme tanto, ya lo había dejado claro en inumerables ocasiones, era complicarse y por supuesto no quería arrastrarle más a mí y mucho menos quería enamorarme más. Estaba cansada de ocultar muchas cosas, siempre he sido fuerte ante todas las situaciones, y jamás había tenido la semsación de acallar mis sentimientos, siempre me he mantenido fría, calculando al milimetro cada cosa que sucedía en mi vida; y esto me estaba superando. Tenía que tomar la decisión correcta o acabaría rozando la locura, así que decidí dejar de verle, sin más.
Le mandé un mensaje y llegó el caos. Nuevamente me llamó cobarde y tube que explicar un millón de veces más porqué me alejaba. Estaba agotada de pensar tanto y dar tantas explicaciones, tan sólo quería que se alejase de mí, no quería pensar en lo bien que estabamos juntos, ni todo lo que perdía al estar sin él. Sólo quería que mi cabeza volviese a regir mi vida, y dejar de darle vueltas a algo que desde el principio estaba abocado al fracaso. Dejé de escribirle en ese mismo instante, estaba agobiada, cansada y necesitaba despejarme.
 
Al día siguiente Laia me convenció para irnos de compras, odiaba las compras, pero con ella, era divertido, hacíamos el idiota en las tiendas y buscabamos la prenda más horrible para que la otra se la probase. Realmente habíamos ido en busca de unas tazas con mensaje que llevamos días mirándo por internet, al no encontrar nada que nos gustase, nos perdimos por las calles y fumos a tomar algo. A Laia no podía explicarle lo que me pasaba, ya que hacía más de un mes que me había avisado que él no era para mí, que sólo estaba jugando y que su amistad era más importante que una tontería pasajera. Y tenía toda la razón. Mi única salvación era no verle, no saber nada de él y no perder más el tiempo.
Nuevamente un mensaje No lo leas!!! pero no puedo evitarlo, Laia se va a casa, y yo sigo dándo vueltas por las calles intentando mantener mi cabeza fría, leyendo sus mensajes e intentando no contestar, pero nuevamente no puedo evitarlo, y contesto. Me dice que se encuentra muy mal, que no puede estar sin verme que me necesita y que quiere saber dónde estoy.

Tras varios mensajes decido que ya es hora de enfretarnos, no podemos seguir así. Espero ansiosa, no sé ni como debo actuar, lo veo llegar, cabizbajo, nervioso y con los ojos rojos de haber estado llorando. Me acerco apresuradamente al estar a un centímetro de su cuerpo, nuevamente, no puedo reaccionar con frialdad y le beso. ¿Porque demonios he hecho eso? Y me alejo inmediatamente, no sé ni lo que me está explicando, intento mantenerme completamente fría. Y nos sentamos a unos metros, al lado de una fuente. El agua me salpica y me relaja, no soy capaz de mirarle a la cara, mantengo mi mirada al frente, y mientras él habla, yo lo único que intento es aguantar todo lo serena que puedo y no soltar ni una lágrima. Pero él sigue hablando, y cada vez se acerca más. No quiero que me cuente ninguna historia, ni que se haga la víctima porque no lo es.
- Te quiero y no quiero perderte.
No me podía creer que hubiese dicho eso, ¿pero que pasa por esa cabeza hueca? ¿Es este el momento que había decidido para decirme que sentía algo? Sé que lo había escrito hace bastantes días, pero nunca se había pronunciado . No sé que hacer, ni qué decir, tan sólo quería acabar con todo. Siempre hace que dude sobre lo que quiero hacer, y mi cabeza va a mil por hora otra vez, y mi corazón late con más fuerza. Consigo girarme hacia él, y me abraza, oh si!!! genial, esto es lo que necesitabas para poder irte a casa, pierdo el sentido y me dejo llevar.
- Si quieres podemos ir a tomar algo 
Se detiene un momento, sorprendido al igual que yo por haber dicho eso, y tan sólo pronuncia un sí, tan bajito que creo que tan sólo ha sido un suspiro.
Comenzamos a caminar uno al lado del otro, esta vez no le siento tan lejos como otras veces, creo que soy yo. Tras diez minutos andando, nos sentamos en una terraza y nos pedimos una cervezas para acompañar la conversación. Dejamos de hablar del "tema" y tan sólo eramos unos amigos charlando, me sentía comoda, y estaba disfrutando de la noche. Miro el móvil y veo la hora, genial, he perdido el último tren.
- ¿Sabes? He perdido el último tren, ¿me dejas dormir en tu casa? Sino tengo la alternativa de llamar a mi madre y quedarme en su casa.
Vuelvo a sorprenderme, si realmente quería huir, porqué le había dicho eso, mis contradicciones y yo deberíamos empezar a llevarnos bien, o empezaré a voverme loca.
Seguimos bebiendo cervezas, y hablando relajadamente, hasta que se hizo tarde y decidió que ya era hora de irnos, nuevamente caminamos, y tras cinco minutos caminando el uno al lado del otro, le acerco a mí cogiéndole del brazo y le beso, en mitad de la calle, busco su lengua y acerco mis manos a su cara, como si con ello le retuviese más rato conmigo. Le necesitaba, aún no enteindo porqué, pero le necesito y le quiero, no quiero alejarme de él aunque sé que es lo mejor para mí.
Continúamos besándonos y acariciándonos, como si nos hubiesemos faltado tanto el uno al otro, que teníamos que recuperar todo lo que no nos habíamos dado en esos días.

Llegamos a su casa, excitados, como siempre nos pasaba al estar juntos. Al llegar a su habitación volvemos a jugar con nuestras lenguas, ese era el preludio de lo que vendría después, apreto su nuca y su boca se abre más, su lengua busca salvajemente a la mía. Y sus manos empiezan a acariciar mi cuerpo, estabamos sedientos de placer. Mis pantalones desaparecieron al instante, y con su mano empezó a acariciarme por encima de las bragas, un gémido hace que separe mi boca de la suya, no sin antes morder su labio inferior con lujuria. Estoy muy excitada y él lo nota, mientras pasa su lengua por mi cuello haciendo que me estremezca, retira mis bragas un poco e introduce su dedo en mi interior.
Eso hace que pierda el norte y le desee aún más, le necesito dentro de mí. Acerco mi mano a su erección, está tan caliente como yo, y nos desprendemos de toda la ropa rápidamente. Le miro fijamente y sabe que le estoy pidiendo lo que necesito. Se vuelve a tumbar sobre mí y noto su erección próxima, le aprieto contra mí. Esa media sonrisa hace que me derrita, porqué sé que va a tomarse su tiempo con mi cuerpo, haciendo que me retuerza de placer.
Baja poco a poco y aproxima su lengua a mis endurecidos pechos y comienza a lamerme rápidamente, dándo pequeños mordiscos, y los aprieta fuerte con sus dedos hábiles. Le miro mientras me lame, me excita demasiado. Y mientras me deshago en sus caricias y en sus manos, noto como fruto de la misma necesidad, se adentra en mí poco a poco, vuelvo a gemir más fuerte. Apretó su boca contra la mía para no gritar de placer, y comienza a moverse al compás de mi cuerpo. Cada vez los gemidos son más fuertes y noto como el primero de los orgasmos recorre mi cuerpo; él para de moverse mientras yo me retuerzo de placer. No cesa en el empeño de darme placer infinito, y provocarme infinidad de orgasmos. Prácticamos sexo durante horas, y de todas as maneras posibles, hasta que al fin noto como su cuerpo comienza a temblar, y sus jadeos comienzan a ser más seguidos y más fuertes, los míos se acompasan a los suyos, hasta que al fin llegamos al orgasmo juntos entre gritos de placer.

Se tumbó a mi lado acariciándome, como si todo ese sexo desenfrenado, hubiese curado todo lo que había pasado esos días.