Pasé la tarde bastante tranquila, sin pensar en nada. Me concentré en mi familia, no quería pensar en nada más. Total mi caballero gay, no iba a acordarse de mí.
Mi móvil suena, mensaje de facebook, supongo que será Luis, y lo dejo correr. La resaca continuaba allí, por lo que no me apetecía hablar demasiado.
Mi sorpresa fue al descubrir minutos más tarde que se trataba de Oscar informándome que si se acordaba de la noche anterior, mis besos, y dándome su teléfono por si me apetecía hablar. ¿porqué no? Y así fuimos hablando algunos días, sobre que hacíamos y que tal nos iban las cosas. Lo cierto es que no me costaba demasiado escribirle, y quedarme embobada mirando el móvil esperando su respuesta.
Hasta que una semana más tarde me veo esperando en la parada de metro para ver una película en versión original. Estoy nerviosa, inquieta, e intento despejar mi cabeza pensando que no voy a estar a solas con él, Isa y su compañera de piso también van a estar allí; y me convenzo que Oscar sólo me ha invitado porque seguramente Isa le haya dicho que me gusta el cine. Vuelvo a repetírmelo una y otra vez.
Sale del metro, seguro de si mismo, no recordaba que fuese tan alto. Su pelo corto canoso y revuelto, sus ojos de un azul tan intenso y profundos que si te mira fijamente sientes que te ha desnudado y congelado el alma. Unos labios carnosos y de color sonrosado, que daría lo que fuera por probarlos otra vez. Una medio sonrisa le acompaña, poniendome aún más nerviosa. Se aproxima y observo lo bien que le quedan esos vaqueros y ese jersey, creo que debería dejar de pensar en como estaría sin esa ropa, que le da un aire tan pijo. Demasiado sofiaticado para mi.
Me da dos besos fríos rozando mis mejillas y vuelve a sonreir, de sus labios solo sale: hola, llevas mucho esperando? A lo que yo respondo con un: no, solo cinco mintutos, y omito decirle que han sido los cinco minutos más largos de mi vida porque no sabía cómo iba a reaccionar y lo frío que me ha parecido. Mejor así, tan sólo he sido un error de una noche, puede que por eso me haya invitado, para demostrarme que tan solo fui eso, una tontería de cuatro besos y unas caricias. Entonces, ¿porque ha insistido tanto para que venga? Tengo que acallar mi cabeza como sea, así que comenzamos a hablar de como nos ha ido la semana de camino hasta el cine.
Caminamos a una distancia de un metro, aunque parece que entre nosotros hay una distancia descomunal. Intento explicar el porqué había estado a punto de no ir, unos amigos, en una de sus locuras, habían decidido llamarme la noche anterior para decirme que se casaban y me necesitaban de testigo, probabemente sonase a escusa, pero era completamente cierto. Supongo que su mirada, nuevamente fría, quería decirme que le importaba un bledo lo que le estaba explicando y que no se lo creía de masiado. Vuelvo a callar y miro al suelo, no creo que sea capaz de aguantar nuevamente esa mirada, me hace sentir minúscula e indefensa.
Seguimos caminando, callados, en mi caso por lo nerviosa que estoy, y porque creo que si abro la boca, un bufido saldrá de su boca, hasta que llegamos a la puerta de la filmoteca. Menos mal, pero Isa aún no ha llegado, y nuevamente frío y distante espeta: ¿Te apetece tomar algo? Sentemonos
¿Que si me apetece tomar algo? Ahora mismo me tomaría un kilo de prozac para los nervios y litros de cualquier cosa para mantener mis labios sellados y entretenidos en cualquier cosa.
No para de morderse y humedecerse los labios, ¿acaso quiere volverme loca? tengo que dejar de mirar esos labios tan apetecibles y prestar atención a sus palabras, pero mi neurona no para de emitir señales indiscretas. Por fin aparece Isa, han sido diez minutos eternos, y creo que no he prestado atención a nada de lo que ha dicho, sólo he estado intentando apaciguar mis nervios y mis instintos más bajos. Su compañera de piso no ha aparecido, por algún motivo que me suena a escusa.
Bebo esa caña de cerveza que he pedido como si me fuese la vida en ello, tengo que beber,para no pensar en nada más que posar mis labios en ese vaso que me han servido. Hablan de sus historias y yo aparento prestar atención, me disperso muy rápido, su lengua humedeciendo sus labios no me ayudan demasiado. Quiero ver la película e irme, parezco invisble, al menos en el cine no seré un ente más que está incordiando su conversación. Sigo creyendo que no pinto nada aquí.
Por fin, entradas en mano, nos dirigimos al cine, he cruzado varias miradas con él, pero no puedo aguantar más de dos segundos, me cohibe. Nos sentamos, y cómo no podía ser, estoy en medio de los dos. No sé si es mala suerte o que el karma me envía señales inequivocas que esta va a ser mi noche.
La tentación vive arriba, termina, no puedo contar lo que ha sucedido, ya que para mí el cine es un out completo, me pierdo todo lo que sucede a mi alrededor, es uno de mis hobbies, y puedo perder el norte viendo una pelicula, no creo que sea algo romántico que te fastidien parte de la película besandote o perdiendo el tiempo con una caricia. Para esto puedo decir que soy bastante fría.
Oscar espera fuera mientras Isa me comenta que podemos ir a tomar algo, lo pienso por un instante y salgo fuera a esperar que Isa salga del baño. Vuelvo a sentirme minúscula mientras hablo con él, le comento lo mucho que me gusta el cine y las películas en versión original, debo parecer una snob, pero el cine me apasiona; al menos me siento segura hablando de ello. Puede que haya tartamudeado, no lo sé, estoy al borde de la histeria, pero Isa es mi salvación al salir del baño y comentar que podemos ir a tomar algo a menos de un minuto de la filmoteca.
Vuelvo a entrar en mi mundo al sentarnos, ellos comienzan a hablar de sus cosas, yo solo quiero un gintonic y evadirme un poco más. Sigue mordiéndose el labio, y lo humedece constantemente con su legua. No puedo pensar con claridad y mucho menos mirarle, esos ojos me hacen sentir pequeña nuevamente. Por fin llega mi gintonic, y no aparto la mirada de esa copa que puede que me de el mayor calor que pueda recibir esta noche. Ríen y comentan, creo que en algún momento han intentado que entre en la conversación, pero estoy absorta con mi copa y esos labios que no paran de rondar mi cabeza y hacen que sienta deseos de abalanzarme sobre él en cualquier momento.
Isa comenta que tiene que irse, vuelvo a aparecer en escena, y pienso en recoger mis bártulos e irnos. -¿Quieres la última? - comenta Oscar mientras me dirige esa mirada que me perturba.
No tengo tiempo de reaccionar y me encuentro despidiéndome de Isa y quedándome de nuevo a sólas con él. Se me corta la respiración y creo que mi jadeo, debido al deseo, se escucha a cientos de quilómetros, ya no puedo mantener mi mente fría.
Continúa hablando y en uno de esos momentos, me aproximo ya que no escucho lo que dice debido a la música, y sus labios ´que llevan provocándome toda la noche están demasiado cerca de los míos. No puedo evitar acercarme más y besarle, le deseo demasiado, no puedo frenarme. Por suerte soy correspondida y su lengua juega con la mía desenfrenadamente. Su mano, no se si por casualidad o por el deseo mutuo, se acerca a mi muslo y siento un escalofrío que me recorre todo el cuerpo. Le necesito, creo que no puedo pensar con claridad nuevamente, el deseo de sentirle me nubla todo.
Consigo congelar mi mente y beber nuevamente un trago de mi copa, pero al volver a mirarle, de nuevo se despierta todo mi cuerpo, deseo que esas manos que ahora estan retirandome el pelo para besarme nuevamente, recorran todo mi cuerpo. Y de mi boca, sin filtrar por mi cerebro sale:
Soy práctica, son las tres, y me iré a las cinco. ¿que te apetece hacer? ¿quieres tomar la última y me voy a casa o ....?
Aún no me creo que esa frase haya salido de mi boca, se queda un segundo parado, sin inmutarse, con cara indiferente; creo que como me diga que tomamos la última, me voy a casa directamente. Pero por fin reacciona: Si quieres vamos a mi piso.
Porsupuesto que quiero, creo que nunca he deseado tanto algo y de inmediato, el deseo que me embriaga tiene que apagarse de alguna manera.
No hay comentarios:
Publicar un comentario