domingo, 21 de septiembre de 2014

En vano

Todo en vano. No podía sentir, ya no. 

El pequeño Duende la miró y al ver que no respondía a sus preguntas ni a sus caricias; empezó a zarandearla, le sacudió los brazos, las piernas, la cabeza. Pero no hubo respuesta alguna.

-Ay pequeña,... ¿no puedes hablar ni tocar, ¿Es eso? No se preocupe su Majestad que este humilde Duende velará por vuestra merced....

¿Tampoco sonríe Usted? Habré perdido mi chispa, o mi humor se ha quedado oxidado.

X desgracia Ella no pudo hacer nada, solo observaba, mientras intentaban hacerle reír sin ningún resultado. 

A algunas leguas de allí, nuestro protagonista, llevaba días sin descansar, sin comer, y descuidandose. 

Sus días se habían convertido en la rutina de levantarse con el primer rayo de sol y rastrear el bosque palmo a palmo. Y al llegar la noche volvía a casa desanimado, tambaleandose cuál alma en pena. Sólo le quedaban fuerzas para releer la carta una vez más. 

Cuantas lágrimas vertidas, cuántos sinsentidos, cuántas ganas de volver a abrazarla y sentirla respirar en su pecho. Quizás ... ¿Amor? Se habia escapado entre sus dedos, y sentía la mayor desdicha que se pueda sentir, la soledad.

No era capaz de definir lo que sentía, quizás se habia enamorado?. No él nunca se podía enamorar, era frío, y enamorarse de Ella. No, no podía ser, o si?

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