jueves, 3 de abril de 2014

La carta

Los días iban pasando, y la llave no aparecía. Buscó en cada rincón y no sirvió de nada, la caja se iba desmoronando por momentos, Él ya se había despedido de Ella para siempre y no le quedaba demasiado tiempo. Asi que en un momento de lucidez mental, pensó que no le podía decir todo lo que sentía a través de su voz, pero la maldición no decía nada de escribir. No sabía que la bruja había pensado en todo.

En el fondo sabía que era una despedida, pero antes de que se truncaese del todo necesitaba regalarle todo, muy a pesar de lo que advirtió la bruja y muy a pesar de ella misma.
Se dirigió al escritorio, cogió la pluma y la tinta y empezo a escribir:
Querido Tu,
Se supone que así empiezan las cartas, perdón por mi mala letra pero entre los nervios y la mala letra que tengo, no sé cómo saldrá esto. Ahí va mi lista:
- Te regalo todos los besos (infinitos para ser exactos)
- Te regalo los abrazos que curan (un millón de ellos)
- Te regalo mis lágrimas, todas ellas.
- Te regalo cada suspiro
- Te regalo todos mis "te quiero" mis "t'estimo" y mis "te necesito"
- Te regalo todo mi amor, porque eres a la única persona que he amado en mi vida, porque es así como se ama, desde el alma.
- Te regalo mis desvelos y mis sueños
- Te regalo mis ganas de sentir
- Te regalo " como sería el mejor día de mi vida"
- Te regalo esas vacaciones, fines de semana y todos los planes que no haremos.
- Te regalo la promesa de que nunca te irías.
- Te regalo el mejor sexo de mi vida.
- Te regalo los mejores momentos que he pasado contigo.
- Te regalo todas las sonrisas y caricias.
- Te regalo la sensación de ser feliz y estar protegida entre tus brazos.
- Te regalo todo lo que me quedaba por darte y que ya no te podré dar.

P.D. Espero que seas feliz porque te mereces lo mejor.
Firmado: Yo.

A medida que iba escribiendo, sentía como su interior se iba destrozando. Firmó, y de sus manos comenzó a deslizarse la pluma entre sus dedos hasta caer al suelo; mientras, se agarraba al pecho fuertemente. Su interior se rompió casi al completo, tan sólo quedaba la cerradura y varios trozos minúsculos de lo que un dia fue la caja. No podía llorar y desahogarse porque le habia regalado sus lágrimas, no podía huir porque no tenía donde ir.
Ya sólo le quedaban fuerzas para entregar esa carta, donde dejó todos sus sentimientos.
Asustada y medio aturdida, de tanto dolor y vacío que habia dejado en Ella, se dirigió al bosque dónde sabía que le encontraría. Al fin lo alcanzó, se acercó; sigilosa y sin mediar palabra le entregó aquella carta. Él, tan solo, la guardó en su bolsillo y se acercó a abrazarla para consolar su dolor, en vano. Ella se apartó, y lo alejó, le había regalado todo y no podía arriesgarse a perder lo poco que le quedaba. Debía afanarse en encontrar la maldita llave o su interior moriría.
Se acercó nuevamente a Ella y rozó su mano.
En ese instante, comenzó a nublarse todo y se desplomó en el suelo, el simple roce de su cuerpo consiguió que todo se rompiese. Unas carcajadas se escucharon desde las entrañas de la tierra. Unos pasos asustaron a nuestro protagonista; miró su cuerpo inerte en el suelo y huyó todo lo rápido que sus piernas le permitieron.

Allí yacía en el suelo, sóla. En su interior la esperanza se apagó, y empezó a arragairse el tormento y la oscuridad, los sentimientos que le quedaban se habían ido con el viento. Ya no quedaba esperanza para Ella. O tal vez si?

Horas más tarde y sintiéndose culpable, Él volvió al lugar donde Ella yacía. Se adentró en el bosque para recuperar su cuerpo. Ya no estaba allí. Se maldijo para sus adentros, y se arrodilló en el suelo, y con sus manos tocó la tierra en busca de un calor que ya no estaba. En ese momento se acordó de la carta, la sacó tan rápido como pudo y comenzó a leerla. Las lágrimas comenzaron a brotar de sus ojos sin cesar, le había regalado todo y él se había despedido para siempre. Lo que Él no sabía, es que nunca iba a poder volver escuchar de sus labios ninguna palabra de amor, ni iba a sentir ninguna de las cosas que Ella le había regalado.

No muy lejos de allí, en una minúscula casa, un pequeño duende velaba aquel cuerpo. Terribles pesadillas se adueñaban de su mente, y hacían que de sus labios solo saliesen gemidos de dolor. 

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