sábado, 7 de septiembre de 2013

Vuelta a empezar II

No estaba nada bien. Pero eso no impedia que intentase parecerlo. Con él no podía, sabia que conocía cada una de mis muecas, de los intentos por no molestar a nadie.

Me abraza fuerte nuevamente, como si le fuese la vida en ello, y como si mi cuerpo se pudiese estrujar cuál peluche. No me importa, tan sólo necesito ese abrazo que termine de absorber las últimas lágrimas que me quedan. Pero para ironías del destino, tan solo dejo que mis lágrimas fluyan y se abran camino entre mis mejillas. Ha abierto la caja de Pandora una vez más, y entre sollozos solo puedo pronunciar:
- Tengo miedo.

No me suelta, deja que me derrumbe en el suelo y se agacha para abrazarme aún más fuerte.
- Cariño, estoy aquí, no voy a dejar que te vuelvan a hacer daño, respira.

Ahora no puedo parar, mi cabeza ha estado impidiendo esto. He vuelto a tocar fondo. Habia estado una semana teniendo pesadillas y despertandome sin aliento, teniendo la misma sensación de estar sucia y de que mis entrañas se abrían paso hasta llegar al suelo. Lo último que necesitaba era sentirme un agujero donde meter más mierda. Vuelven sus gritos a retumbar en mi cabeza, y noto como sus manos aprietan mi garganta hasta no dejarme respirar, veo sus ojos clavados en mi, y mi cuerpo deja de responder.

Me despierto, suena el timbre, no estoy en mi cama, miro a mi alrededor y veo el despertador, son solo las doce, y tengo la sensación que me han pegado una paliza, me duele todo. Abren la puerta de la habitación.
- Cariño, puedes levantarte?
- Si
- Porque no me lo dijiste ayer?
- No...
- Date una ducha, nos vamos.

Siento que el mundo se abre entre mis pies, pero no estoy dispuesta a dejarme vencer y me levanto.
- Lo siento
- Vamos no me jodas, no puedes quedarte con tanta mierda, mira lo que te haces.
- quien ha venido? No quiero ver a nadie
- Sergio ha venido a buscarnos y nos vamos

Suena a amenaza, asi que me ducho y me visto, no tengo nada mejor que hacer.
- Cielo, no mereces esto... Tu no...
Ahora no soy yo la que llora sin consuelo, le abrazó fuerte.
- Merecemos que nos quieran

Necesito gritar, bailar, beber, sentirme bien, respirar. Necesito desahogarme un poco más. Tenemos una charla de esas en que las confesiones de ambos espantaria a cualquiera, reímos y lloramos, parecemos dos adolescentes en pleno apogeo hormonal.

Nos levantamos del sofá y salimos por la puerta, espléndidos y con la mejor de nuestras sonrisas. Nos queda una noche de copas y risas. Todo lo demás ya no importa, mi cabeza está en modo out, y sólo pienso en evadirme de toda mi mierda y disfrutar toda la noche. Según dicen el alcohol cura y ahoga las penas. Sea.

Son las cinco y media, volvemos a casa un poco perjudicados tras unos cuantos gins, un poco de baile y unas cuantas conversaciones vanales con desconocidos. Estamos exhaustos, Alberto no para de reír y yo me he contagiado de esa risa absurda, carcajadas sin sentido.

Llegamos a su casa, me siento en el sofá otra vez y enciendo un cigarro.
- Tenemos una conversación pendiente.
- Ahora no, nos lo hemos pasado bien y ya ha pasado todo.
- No ha pasado, pero sigue pendiente princess.

Me acaricia la cara, torpemente, debido al alcohol ingerido y nos vamos a la cama. No puedo dormir, mi cabeza empieza a funcionar; cojo el móvil, hace más de 12 horas que no miro ese estúpido cacharro. Me autocritico mentalmente y vuelvo a dejarlo encima de la mesilla.
Tan solo necesito dejar de pensar un rato, pero he acallado mis pensamientos demasiado rato y ahora ya no puede parar.

Son las diez, y he pensado demasiado, la cabeza me va a explotar, Alberto sigue durmiendo a mi lado. Prometió no dormirse, pero ha sido un dia intenso, demasiado ha hecho por mí ya.
Vuelvo a coger el móvil, y recuerdo a mi profesor de filosofía, si no puedes expresarte, escribe y vomita todo. Y eso es lo que me dispongo hacer. Abro el blog y empiezo a escribir.

No hay comentarios:

Publicar un comentario